SOBERANISMO CONTRA EXTRACTIVISMO
SOBERANISMO CONTRA EXTRACTIVISMO
CUANDO EL MERCADO Y EL ESTADO OPRIMEN
Por Theo Belok.
ÍNDICE:
1. El problema silencioso de nuestra época
2. El tiempo como activo originario
3. El dinero como tiempo productivo cristalizado
4. La libertad material y el excedente individual
5. La esclavitud moderna y el umbral de capitalización
6. La unificación del conflicto político
7. Las formas modernas del extractivismo
8. El consumo y la pérdida de soberanía
9. La verdadera lucha por la libertad es soberanista.
1. El problema silencioso de nuestra época
Vivimos en la época más productiva de toda la historia humana. Nunca hubo
tanta tecnología, tanta capacidad de generar riqueza, tanta productividad, eficiencia ni tanta
conectividad. Sin embargo, algo extraño ocurre: millones de personas sienten
que trabajan constantemente y aún así tienen cada vez menos control sobre su
propia vida. El fenómeno dominante de nuestra época no es la libertad, sino la caída de la clase media y el aumento del precariado, debido al aumento de las restricciones materiales. Mucha gente vive con la percepción de trabajar más y más para tener lo mismo o menos.
Nuestros abuelos podían, muchas veces, sostener una familia numerosa con un solo salario, acceder a una vivienda en un plazo razonable y construir patrimonio a lo largo de su vida. Hoy, incluso personas altamente productivas viven endeudadas, sin capacidad real de ahorro, sin estabilidad y sin horizonte. ¿Qué es lo que sucede?: el poder adquisitivo se erosiona, es decir la capacidad de comprar productos con nuestro dinero disminuye.
El problema no es solamente económico, atraviesa nuestra existencia condicionando y restringiendo nuestro proyecto de vida. La gran pregunta de nuestro tiempo es: ¿Cómo puede una sociedad infinitamente más productiva producir individuos cada vez menos libres?
Gran parte de la discusión política y económica moderna se centra en los mercados, o en las
clases sociales, en el Estado o en los individuos aislados y atomizados. Pero la Teoría Soberanista que propongo sostiene que debería empezar desde el punto más elemental y concreto: el individuo relacional y su
tiempo de vida.
2. El tiempo como activo originario
El tiempo es el recurso más valioso del que dispone y puede ofrecer un ser humano. Cuando ese tiempo se dedica al trabajo, a la formación, a la coordinación productiva, a la creación de un bien o servicio útil se transforma en valor. El dinero puede perderse o ganarse. La propiedad puede perderse y reconstruirse. Pero el tiempo vivido jamás vuelve. Cada hora de vida consumida desaparece para siempre. Si una persona dispone de sí misma, entonces necesariamente dispone y controla de su tiempo. El tiempo es el activo originario de todo ser humano. El individuo relacional puede utilizar su tiempo en múltiples actividades, muchas de ellas no económicas ni ponderables en precios de mercado, pero deberá dedicar una fracción importante del tiempo a obtener medios para garantizar su propia supervivencia y la de su familia.
En el pasado, en lineas muy generales, el hombre primitivo nómada destinaba tiempo para la caza, la recolección y obtenía de manera directa los medios de vida.
El esquema era el siguiente: tiempo de caza y/o recolección = medios de vida.
Luego el salto evolutivo hacia sociedades sedentarias, permitió destinar tiempo para la siembra y la cosecha. El humano dejó de extraer recursos de la naturaleza de manera depredatoria a modo de plaga y pasó a producir su propio sustento.
Más tarde, el nacimiento de la agricultura y la ganadería, permitió la formación de ciudades y mercados que a su vez dieron paso a economías crecientemente complejas y monetarias. Se facilitaron los intercambios, la división del trabajo y la producción a escala. A grandes rasgos, el esquema en economías monetarias pasó a ser: tiempo productivo = dinero = medios de vida.
En economías monetarias los medios de vida se obtienen de manera indirecta para facilitar el intercambio
La mayoría de las actividades económicas constructivas consisten, en el fondo, en transformar una parte del tiempo vital en producción de valor socialmente útil que será intercambiado por dinero y éste a su vez intercambiado para obtener medios de vida. Se estima que los bienes y servicios laborales, satisfacen necesidades sociales, aportando valor a la comunidad.
El sentido último del trabajo y el tiempo destinado al mismo no es solo ganar dinero, sigue siendo en esencia, la obtención de medios de vida. No trabajamos para ganar dinero, en primera instancia trabajamos para poder sobrevivir, luego para mejorar nuestro confort y/o poder realizar proyectos de vida. Es por esta razón que, para el soberanista el trabajo productivo dignifica.
Lo que distingue este salto evolutivo es la dignidad de esta actividad, en la medida que el trabajador/productor se constituye en un eslabón de importancia en la aportación de valor a la comunidad organizada. En una sociedad sedentaria, la forma de obtener medios de vida ya no solo tiene una utilidad de supervivencia individual o familiar, sino una función social más amplia.
En la Teoría Económica Soberanista propongo dejar atrás la antropología del individuo aislado, atomizado y abstracto, para defender una antropología de un individuo relacional y situado, por ello más cercano a la realidad, más humano.
Ahora bien, es necesario aclarar que el tiempo por sí solo no crea valor. No toda hora invertida produce riqueza. El valor económico surge cuando el tiempo humano de trabajo se combina con materias primas, herramientas, maquinarias, capacidad productiva, conocimiento, organización y coordinación social. La Teoría Soberanista propone la armonía entre el capital y el trabajo en la categoría de "producción". Por eso no propongo aquí tampoco, una teoría simplista donde “todo valor proviene únicamente del trabajo”. El valor aparece cuando el tiempo humano logra transformarse productivamente dentro de una estructura social y técnica determinada. La coordinación empresaria es trabajo y es parte de la producción. En la mayoría de los casos, toda riqueza socialmente constructiva sigue dependiendo, directa o indirectamente, del consumo de tiempo humano finito e irreversible.
3. El dinero como tiempo productivo cristalizado
El dinero papel, aunque facilite los intercambios en una economía monetaria, no posee un valor intrínseco, el mismo constituye una representación de valor socialmente aceptada. El dinero representa para el individuo relacional un derecho económico potencial sobre bienes y servicios producidos por otros. El dinero representa una capacidad de reclamar valor económico expresado de manera simbólica. Y ese valor económico cristalizado en dinero, en última instancia, está sostenido por tiempo humano transformado productivamente. En cierto sentido, el dinero es la cristalización del tiempo de vida destinado a una actividad productiva.
Cuando una persona trabaja, convierte horas
irrepetibles de existencia en dinero y este permite una determinada capacidad futura de acción y elección. El ahorro no es
simplemente acumulación monetaria: es un excedente acumulado de tiempo productivo pasado preservado para el futuro.
El ahorro también es soberanía temporal acumulada.
Una parte importante de nuestros ingresos se consume simplemente en sostener nuestra existencia. Comer, vivir bajo un techo, transportarse, vestirse, tener una familia e integrarse socialmente. A eso podríamos llamarlo costo de vida o costo real de reproducción. El problema no es que existan esos costos; el problema aparece cuando el ingreso que obtenemos es erosionado y accedemos a cada vez menos productos por el mismo trabajo que ofrecemos.
Hay una verdad fundamental: la inflación hace que las restricciones sean cada vez mayores en la medida que la actualización de salarios queda rezagada respecto al aumento generalizado de precios. Parafraseando a un presidente argentino preocupado por los trabajadores: "mientras los salarios suben por la escalera, los precios de los productos suben por el ascensor". Esa brecha es la pérdida del poder adquisitivo del asalariado.
4. La libertad material y el excedente individual
¿De que sirve tener libertad política si no tengo también libertad material para realizar mi proyecto de vida?. El excedente es lo que queda cuando al ingreso bruto le descontamos el costo de sostener la propia vida. Éste es uno de los conceptos más importantes de toda esta visión soberanista que desarrollo. El excedente no es simplemente “dinero sobrante”, no es simplemente "ahorro". El excedente es libertad materializada, ya que es tiempo productivo cristalizado liberado de la mera supervivencia. El excedente individual permite la posibilidad de proyectarse, de resistir, de ampliar el margen de elección, de construir y proyectar la voluntad de autosuperación. Con la acumulación de excedentes nace la verdadera autonomía humana, la capacidad de autodeterminación, es decir la soberanía individual manifestándose.
Para la Teoría Soberanista: sin libertad material, la libertad en general queda condicionada por la necesidad o el miedo, y en ese caso ya no sería libertad. La libertad material empieza cuando las necesidades básicas terminan. En nuestro marco conceptual, la libertad es la capacidad para hacer cosas, la capacidad de autodeterminación y realización de un proyecto de vida propio. La libertad real no es simplemente ausencia de coerción, sino capacidad material de resistir coerción. La libertad es la capacidad de elegir, de hacer cosas y cumplir objetivos vitales sin dañar a terceros.
5. La esclavitud moderna y el umbral de capitalización
Un individuo sin excedente puede apenas sobrevivir, pero difícilmente puede
autodeterminarse. Vive obligado a aceptar cualquier condición porque no posee
margen de resistencia. No puede asumir riesgos, no puede proyectar, no puede
decir “no”. Es proclive a aceptar tratos voluntarios desventajosos como un trabajo cuasi esclavo o un préstamo usurario. El margen de elecciones libres se reduce drásticamente. En cambio,
cuando una persona acumula suficiente excedente, cruza algo que podría llamarse
un umbral de capitalización. Ese es el punto donde deja de vivir exclusivamente
para sostener el presente y empieza a construir soberanía sobre su futuro.
La política y la economía modernas no entienden esto. Siguen midiendo el éxito de una sociedad en términos de consumo, empleo o crecimiento abstracto, cuando la verdadera pregunta debería ser otra: ¿Cuántas personas poseen suficiente excedente como para ejercer autonomía efectiva sobre sus vidas?
Aquí es donde comenzamos a descubrir las fuerzas que parasitan el fruto del trabajo a través de mecanismos de extracción, incrementando nuestros egresos (o gastos).
6. La unificación del conflicto político
El conflicto central de nuestra época no es entre burgués y proletario, ni entre
Estado y mercado. El conflicto central es entre productores y estructuras
extractivas.
El marxismo consideró que la industria capitalista en sí misma podía apropiarse del excedente producido por los obreros, criticando duramente al capitalismo. El liberalismo consideró que el Estado también podía convertirse en una máquina de extracción de excedentes a través de impuestos, criticando duramente el intervencionismo estatista. Ambos vieron partes fragmentadas de un mismo problema de fondo. Pero ambos quedaron atrapados en una visión parcial.
El marxismo responsabilizó de todo mal al capital privado y terminó muchas veces reemplazando una élite económica por una burocracia igualmente extractiva y centralizada (comunismo). El liberalismo denunció el carácter opresivo del Estado disfuncional y muchas veces ignoró y hasta respaldó a grandes estructuras privadas internacionales que ejercen formas de coerción y dominación igual de profundas mediante deuda, intereses, monopolios o dependencia económica extrema (financierismo).
Tanto el marxismo como el liberalismo olvidaron de señalar al elefante dentro de la habitación, algo que la Teoría Económica Soberanista si señala y condena fuertemente: «al sector financiero», máximo mecanismo de extracción de toda la historia y principalmente del mundo actual.
Mi visión intenta superar las críticas liberales y marxistas bajo un concepto más amplio: el extractivismo. Y podemos entender como extractivismo a cualquier mecanismo que permite capturar el excedente monetario de un trabajador o productor sin entregar valor equivalente a cambio. No importa si quien extrae es un banco, una burocracia estatal, un monopolio o una mega corporación. El criterio no es ideológico. El criterio es funcional y sistémico: ¿esa estructura expande o erosiona la soberanía del productor? ¿La estructura aumenta o disminuye la capacidad futura de autonomía del productor? ¿Genera dependencia acumulativa o capacidad acumulativa? ¿Reduce fricción productiva o captura renta?
En otras palabras,
También diferencio:
*El extractivismo de primer orden: el financiero. Defendido y potenciado por el liberal, minimizado y subestimado por el marxismo ortodoxo (leer aquí). Es ante todo fuertemente condenado por mi Teoría Económica Soberanista.
*El extractivismo de segundo orden: el estado disfuncional. Defendido por el marxismo, por el socialismo, y condenado ontológicamente por el liberalismo. Este tipo de extractivismo es condenado funcionalmente por mi teoría, ya que un Estado funcional no es extractivo por si mismo. Un Estado puede o no brindar servicios útiles, si lo hace es funcional y no extractivo, si por el contrario cobra impuestos sin ofrecer nada a cambio el Estado se vuelve disfuncional y extractivo.
7. Las formas modernas del extractivismo
La inflación, por ejemplo, es una forma de extractivismo monetario. Cuando
una moneda se devalúa artificialmente, se licúan horas ya trabajadas (tiempo pasado). Parte de
tu vida productiva acumulada desaparece silenciosamente. El interés usurario es
extractivismo financiero porque captura tiempo futuro. Una deuda puede ser una
herramienta legítima si permite expandir autonomía y capacidad productiva. Pero
cuando el crédito está diseñado para consumir sistemáticamente el excedente del
productor, deja de ser apalancamiento y se convierte en subordinación temporal un instrumento para mantener en servidumbre al productor y trabajador.
Lo mismo ocurre con ciertos monopolios o con estructuras estatales ineficientes. No toda coordinación es opresión, ni todo impuesto es extractivo ni una forma de explotación como sugieren los anarquistas de mercado.
Una institución es legítima cuando aumenta soberanía neta mutua. Un impuesto que financia infraestructura, seguridad, transporte o reducción de costos de vida puede fortalecer la autonomía de cada productor a nivel general (reduce egresos y aumenta excedentes). Un crédito productivo puede acelerar la independencia financiera de una persona.
La coordinación económica
agrega valor cuando facilita producción y reduce fricción sistémica. El
problema aparece cuando esas estructuras dejan de servir a la producción y
comienzan a absorber desproporcionadamente el excedente humano.
8. El consumo y la pérdida de soberanía
La gran tragedia contemporánea es que vivimos en una civilización
extremadamente eficiente para aumentar consumo, pero cada vez menos eficiente
para aumentar libertad material o soberanía individual. El sistema ofrece libertad para consumir, pero
dificulta enormemente la capacidad de capitalizarse. Es más fácil comprar
entretenimiento instantáneo que construir patrimonio. Más fácil endeudarse que
independizarse. Más fácil sobrevivir que proyectarse.
Y ahí aparece la verdadera dimensión política del problema. Un individuo
permanentemente endeudado, sin ahorro, sin propiedad y sin excedente es un
individuo sometido y restringido, es decir menos libre. Puede tener derechos formales, pero carece de autonomía
real. La libertad negativa —que nadie te prohíba algo— es insuficiente si
cualquier crisis puede destruir completamente tu vida material. De nada sirve tener libertad política si no tenemos también libertad material.
9. La verdadera lucha por la libertad y la justicia social es soberanista.
Por eso creo que la verdadera lucha por la libertad y la justicia social no consiste simplemente
en reducir el Estado ni en redistribuir riqueza forzadamente. La verdadera lucha pasa por lograr
que la mayor cantidad posible de individuos retengan suficiente excedente como
para ejercer autonomía efectiva (soberanía individual) sobre su propia existencia, resistiendo incluso a los abusos del poder político y económico-financiero. Un individuo soberano es mas fuerte que un individuo libre.
Ésa es, para mí, la definición más profunda de una sociedad libre y
económicamente justa.
Una civilización libre no es la que maximiza la utilidad o el consumo, sino la que permite que el tiempo humano productivo se transforme en soberanía, una comunidad libre es la que maximiza la soberanía de la mayor cantidad de individuos y su nación a nivel sistémico.
En la Teoría Soberanista el principio de ordenamiento social es la soberanía. El principio metodológico de doble nivel permite el estudio de la realidad política, social y económica desde el punto de vista micro partiendo del individuo relacional y desde el punto de vista macro partiendo de un realismo soberanista nacional donde la Teoría de Sistemas permite explicar fenómenos que el mero individualismo no puede explicar.
El presente ensayo explica la Teoría Económica Soberanista desde el individualismo relacional, la explicación sistémica puedes encontrarla leyendo aquí

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