LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR (Parte II de III)
LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR (Parte II de III)
Por Theo Belok.
1. LA ANTROPOLOGÍA INCÓMODA DE MISES
2. MORAL: SUBJETIVA, NO OBJETIVA
3. LA SOCIEDAD INSTRUMENTAL, NO NATURAL
4. DERECHOS: NO NATURALES, SINO FUNCIONALES
5. RELIGIÓN: INNECESARIA COMO FUNDAMENTO
6. LO HUMANO: DEFINIDO POR LA ACCIÓN
7. LA VISIÓN SOBERANISTA
8. CONCLUSIÓN
1. LA ANTROPOLOGÍA INCÓMODA DE MISES
Cuando se juntan estas piezas, emerge una imagen coherente, pero difícil de conciliar con una antropología cristiana clásica.
2. Moral: subjetiva, no objetiva
Esta idea no es secundaria; el subjetivismo radical es el punto de partida de todo su sistema. Para Mises, no existe un bien o un mal objetivo accesible universalmente. Los valores no son descubiertos, ni revelados, sino asignados por los individuos según sus preferencias.
Esto tiene implicaciones profundas. Si los juicios morales son subjetivos, entonces: no hay una moral universal y objetiva; no hay un bien humano en sentido fuerte; tampoco hay una ley moral inscrita en la naturaleza.
Desde una perspectiva cristiana —influida por tradiciones como la de Thomas Aquino— esto representa un quiebre radical. Allí donde la teología y filosofía clásica afirma que el bien es objetivo y que la razón puede conocerlo (aunque imperfectamente), Mises sostiene que todo juicio de valor depende del sujeto, del individuo.
La pregunta que surge es inevitable: si la moral es subjetiva, ¿en qué sentido puede hablarse de una ley moral universal?
3. La sociedad instrumental, no natural
El individuo en sociedad, entonces, no coopera y se relaciona como una tendencia inscrita en la naturaleza humana, no sería algo innato, sino una estrategia eficiente. Los individuos cooperan y forman sociedades porque le conviene al individuo.
Esto contrasta con una tradición que, desde Aristóteles hasta el pensamiento cristiano, ha sostenido que el ser humano es social por naturaleza, no simplemente por conveniencia. En esa visión, la vida en comunidad no es solo útil, sino constitutiva de lo humano.
En Mises, en cambio, la sociedad queda reducida a un medio. No tiene un valor intrínseco, sino instrumental.
4. Derechos: no naturales, sino funcionales
Otro punto de fricción aparece en su tratamiento de los derechos. En Liberalism, Mises es explícito al rechazar que el liberalismo se base en una doctrina de derechos naturales como se concebía hasta entonces en el liberalismo clásico. En lugar de eso, defiende instituciones como la propiedad privada porque: facilita la cooperación social, aumenta la productividad, generan mejores resultados.
Es decir, los derechos no se justifican porque sean inherentes a la naturaleza humana o dados por Dios, sino porque funcionan. Esto introduce una diferencia crucial. En la tradición del derecho natural, los derechos son inviolables porque derivan de lo que el ser humano es. En Mises, en cambio, su valor depende de las consecuencias de sus actos o acciones.
La pregunta que se abre es incómoda: si los derechos son funcionales, ¿qué ocurre cuando dejan de serlo? Para Mises algo es valorado porque es demandado esa sola preferencia subjetiva debe regir el mercado y la sociedad, sin interferencias del Estado. Esa lógica puede ser peligrosa a tal punto que lleva a su alumno, correligionario y promotor de la Escuela Austriaca, Murray Rothbard a dejar la puerta abierta a un mercado libre de niños y órganos. Para él los niños son sujeto de propiedad privada, pueden entonces formar parte del "mercado", y considera que niños son parásitos en el cuerpo materno. Lo mismo que la abortista Ayn Rand. Algo inconcebible si se partiera de una concepción que defienda los derechos naturales.
5. Religión: innecesaria como fundamento
*no apela a mandamientos divinos (ni cristianos)
*ni necesita recurrir a una base metafísica o teológica para justificarse.
*La cooperación social, el mercado y las instituciones liberales se explican y defienden en términos puramente seculares.
Esto no significa necesariamente un ataque a la religión, pero sí una marginación de su rol fundacional como todo conservador considera. La sociedad puede sostenerse —y justificarse— sin Dios, basándose en cuestiones puramente materiales, económicas y subjetivas.
Para un conservador cristiano, que entiende el orden moral y social como enraizado en una realidad trascendente, esta postura plantea una tensión evidente: ¿Cómo integrar esta versión misesiana del liberalismo que prescinde completamente de ese fundamento?
6. Lo humano: definido por la acción
Finalmente, uno de los puntos más delicados y problemáticos aparece en la propia definición de lo humano. En La acción humana, Mises establece que la característica específicamente humana es la capacidad de actuar intencionalmente. En ese contexto, afirma literalmente en su obra magna: "Los seres humanos de ascendencia humana que, de nacimiento o por defecto adquirido, carecen de capacidad para actuar (en el sentido amplio del vocablo, no sólo legal), a efectos prácticos, no son seres humanos. Aunque las leyes y la biología los consideren hombres, de hecho carecen de la característica específicamente humana. El recién nacido no es un ser actuante; no ha recorrido aún todo el trayecto que va de la concepción al pleno desarrollo de sus cualidades humanas. Sólo al finalizar tal desarrollo se convertirá en sujeto de acción" (La acción humana. Cap. 2. Los requisitos previos de la acción humana. pág. 18, Unión Editorial)
Es decir, Ludwig von Mises sostiene algo muy fuerte, que aquellos seres humanos que carecen de capacidad de actuar “a efectos prácticos no son seres humanos”, y que el recién nacido aún no es un sujeto de acción. Aunque esta afirmación pertenece a su propio marco teórico subjetivo, revela algo más profundo: lo específicamente humano queda definido por la capacidad funcional de actuar, no por una dignidad inherente o intrínseca. Es un quiebre total con cualquier tipo de conservadurismo. Sorprende que algún conservador coherente siga citando a Mises y sus discípulos.
Esto introduce una tensión fuerte con la antropología cristiana o la natural, que sostiene que todo ser humano posee valor por el simple hecho de serlo, independientemente de sus capacidades. En esa tradición, la dignidad no se adquiere ni se pierde; es inherente. Para una tradición dos veces milenaria que afirma que la persona humana posee valor intrínseco desde su concepción, independientemente de sus capacidades, esta forma nueva de pensar "el hombre" que trae Mises, introduce una tensión difícil de ignorar y posee derivaciones sumamente peligrosas para la vida humana, actualmente amenazada desde el vientre materno.
En otras palabras, la dicotomía de trasfondo es: Dignidad utilitaria-funcional vs. Dignidad ontológica. Para Mises, la "humanidad" es una categoría gradual y funcional. Si no hay acción orientada a fines (porque es un recién nacido, o se tiene una discapacidad cognitiva severa o se está en coma), no eres un "sujeto de acción" y, por ende, "a efectos prácticos" no eres ser humano.
Para la antropología cristiana o el iusnaturalismo, la dignidad es ontológica (del ser). El bebé o el enfermo no hacen cosas humanas, pero son humanos. Su valor no depende de su utilidad o capacidad de elección, sino de su naturaleza. Si el estatus de humano se "alcanza" al final de un trayecto, entonces antes de ese punto (feto, recién nacido) el ser es biológicamente hombre pero metafísicamente "cosa" o "potencialidad" sin derechos plenos. Esto abre la puerta a tratar a los más vulnerables no como sujetos de derecho, sino como objetos de administración, ya que no pueden participar en el mercado ni en la cooperación social consciente.
Mises insiste en que su ciencia es "libre de valores". Pero al definir al hombre solo como un "animal individual que actúa y elige", deja a la ética sin base para proteger a quienes no pueden actuar ni elegir. Si la libertad es solo "capacidad de actuar", el que no actúa no tiene libertad que proteger.
Esta visión de Mises es el profundo error de ese libertarismo "austriaco" que, al querer ser puramente científico, termina siendo profundamente inhumano.
7. LA VISIÓN SOBERANISTA
Ahora bien, reconocer estas tensiones no implica negar la importancia de la acción humana. El ser humano no solo es, sino que también se realiza mediante lo que hace. La capacidad de elegir, crear, cooperar y perseguir fines constituye una dimensión esencial de la existencia humana.
Sin embargo, una cosa es afirmar que la acción expresa y desarrolla la naturaleza del hombre, y otra muy distinta sostener que la acción lo constituye como hombre o fundamenta su dignidad. El ser precede al obrar: la acción manifiesta la naturaleza, pero no la crea.
Del mismo modo, una antropología puramente ontológica que ignore la dimensión activa y relacional del hombre resulta igualmente incompleta. La verdadera comprensión de la persona exige integrar ambas dimensiones sin absolutizar ninguna de ellas: la dignidad humana es inherente al ser, mientras que su realización acontece a través de la acción.
El hombre posee una dignidad ontológica intrínseca, pero desarrolla sus potencialidades mediante la acción; y esa acción nunca ocurre en el vacío, sino dentro de sistemas de relaciones sociales, económicas, culturales y políticas que condicionan las posibilidades de realización personal.
Esta síntesis, apenas esbozada aquí, será desarrollada con mayor profundidad en futuros trabajos como parte de una propuesta antropológica y filosófica propia del soberanismo teórico.
8. CONCLUSIÓN
En resumen, Mises presenta una imagen coherente, pero difícil de reconciliar para el conservador. Si se reúnen estas piezas, el cuadro es claro: la moral es subjetiva, la sociedad es instrumental, los derechos no son naturales, la religión no es necesaria, lo humano se define por la acción.
El resultado es un sistema coherente y consistente en sus propios términos. Pero también es un sistema que se aleja de manera significativa de una antropología de un conservadurismo natural o cristiano.
No se trata de afirmar que Mises esté “equivocado” o que su pensamiento deba ser descartado. Se trata de reconocer que sus fundamentos no coinciden con aquellos que muchos de sus seguidores conservadores dicen defender. Incluso difiere en gran parte con J. Locke y A. Smith.
Y para cerrar, la pregunta que queda abierta y devuelve la discusión al punto central: ¿es posible sostener simultáneamente una visión del mundo basada en la ley natural o la revelación, y adoptar como referente a un autor cuyo sistema prescinde de ambas? ¿el conservador coherente seguirá citando gratuitamente a Ludwig von Mises?
Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com
LEA LA PRIMERA PARTE (AQUÍ)

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