LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR (Parte I de III)
LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR
Índice:
1. INTRODUCCIÓN:
LOS REFERENTES INCÓMODOS
2. ¿Donde
se origina esta fusión artificial?
3. El
fusionismo de Frank Meyer
4. el
paleolibertarismo de Murray Rothbard
5. Una síntesis forzada
6. El
punto de partida: lo que se dice defender
7. Mises:
el liberalismo como utilidad, no como verdad
8. Hayek:
relativiza la religión
9. El
problema del “Dios útil”
10. Mises
y Hayek: ni Dios ni naturaleza
11. La contradicción que no siempre se ve
12. Conclusión
1. INTRODUCCIÓN: LOS REFERENTES INCÓMODOS
Vale destacar que esta "nueva derecha" fusionista difiere sustancialmente de la Nouvelle Droite (Nueva derecha) de Alain de Benoist de los años 60 y 70 por una razón fundamental: de Benoist y el GRECE francés son fuertemente antiliberales y paganistas/etnonacionalistas, viendo al libre mercado como un agente destructor de las identidades culturales europeas. Escribiré un artículo al respecto más adelante donde detallaré cual es la posición de la Teoría Soberanista respecto a ellos.
2. ¿DONDE SE ORIGINA ESTA FUSIÓN ARTIFICIAL?
En los últimos años, el resurgimiento de corrientes liberales y libertarias en el debate público como reacción a la avanzada progresista global, ha venido acompañado por una curiosa convergencia con discursos de corte conservador. Esta articulación, visible en figuras intelectuales y políticas contemporáneas, como ser Agustín Laje, Axel Kaiser, Ben Shapiro, Javier Milei y Abelardo de la Espriella, parece ofrecer una síntesis potente: una defensa radical del mercado, de la libertad individual, del judeocristianismo, combinada con una crítica firme al progresismo cultural. La visión económica no solo es liberal, sino especialmente la libertaria austriaca. Esta corriente hasta hace décadas marginal, ha inundado el debate público gracias a la propaganda por redes sociales y la promoción por parte de destacados referentes populistas.
Sin embargo, al examinar con mayor detenimiento los fundamentos teóricos de estas corrientes, y los autores e influencers liberales que suelen auto proclamarse "conservadores" de la "nueva derecha", emergen divergencias o contradicciones difíciles de ignorar.
Como verán no incluyo a Donald Trump, ya que su programa económico es nacionalista económico y proteccionista, según sus propias declaraciones que recojo en varios de mis artículos y libros. La prensa suele denominar a todo lo anterior como "extrema derecha" o nueva derecha. ¿Todas estas formaciones nacen de manera espontánea o fueron planificadas por algún ideólogo particular?
3. EL FUSIONISMO DE FRANK MEYER
El término "fusionismo" proviene de la propuesta de Frank Meyer en la década de 1950 en Estados Unidos, quien teorizó la fusión entre el libertarismo económico y el conservadurismo tradicionalista para enfrentar al comunismo durante la Guerra Fría.
4. EL PALEOLIBERTARISMO DE MURRAY ROTHBARD
Varias décadas más tarde Murray Rothbard (junto a Lew Rockwell) plantea como estrategia de activismo político fusionar:
a) los principios libertarios: oposición radical al Estado, más la defensa incondicional del libre mercado.
b) Defensa de valores e instituciones tradicionales: la religión, la familia y la herencia cultural.
Esto se plasmó en lo que se llamó "paleolibertarismo" que tuvo su auge al rededor de los años 80-90 del siglo pasado, y se presentó como la fórmula: economía austríaca + moral tradicional. Esta corriente abogaba por un retorno a los estándares morales objetivos, citando explícitamente aquellos arraigados en la tradición judeocristiana. Hice una crítica de este concepto en mi artículo "El mito de la civilización judeocristiana" (leer aquí)
5. UNA SÍNTESIS FORZADA
5.1. EL LIBERALISMO
El problema tiene que ver en cómo fundamentan la libertad, la vida, la propiedad y las instituciones:
No todas las versiones del liberalismo entran en conflicto frontal con el conservadurismo. Aquellas que abandonan un fundamento moral objetivo —y lo reemplazan por la utilidad o la evolución progresiva de instituciones— introducen una tensión que se vuelve visible en situaciones límite.
5.2. EL CONSERVADURISMO
Cuando aparece un conflicto entre utilidad y principio inherente, las teorías obligan a decidir distinto.
6. EL PUNTO DE PARTIDA: LO QUE SE DICE DEFENDER
Muchos conservadores religiosos contemporáneos sostienen que existe un orden moral objetivo, ya sea accesible por la razón —como en la tradición del derecho natural— o por la revelación divina. Desde esta perspectiva, instituciones como la propiedad privada, la familia o ciertas normas sociales no son meras convenciones útiles, sino expresiones de una verdad más profunda sobre la naturaleza humana o la voluntad de Dios. Esta tradición tiene raíces que van desde la filosofía clásica griega hasta la teología medieval cristiana, con figuras como Thomas Aquino, articulando una síntesis entre razón y fe que aún hoy influye en el pensamiento conservador.
Hasta aquí, la postura es coherente. El problema aparece cuando se intenta fundamentar el edificio social utilizando autores que, lo hacen desde premisas completamente distintas y cuyas derivaciones lógicas implican en última instancia una contradicción hacia el conservadurismo.
7. MISES: EL LIBERALISMO COMO UTILIDAD, NO COMO VERDAD
En el caso de Ludwig von Mises, la cuestión es bastante clara si se lo lee directamente. En su obra Liberalismo, deja explícito que el liberalismo no se basa en mandamientos divinos ni en una metafísica de derechos naturales. Su defensa de la propiedad privada, del mercado y de la cooperación social no descansa en que estas instituciones sean “justas en sí”, sino en que producen mejores resultados. Son preferibles porque funcionan, porque permiten una mayor prosperidad, porque facilitan la cooperación y reducen el conflicto.
Esto implica un giro importante: el fundamento ya no es ontológico, sino instrumental. No se afirma que algo sea correcto porque responde a la naturaleza humana o a un orden divino, sino porque genera consecuencias deseables. Es, en esencia, una forma evidente de utilitarismo. Y aquí aparece la primera gran tensión: si alguien cree que los derechos derivan de la naturaleza o de Dios, ¿Cómo puede sostener simultáneamente una teoría que los justifica únicamente por sus resultados? Son dos lenguajes distintos, dos niveles de justificación que no siempre coinciden.
8. HAYEK: RELATIVIZA LA RELIGIÓN
La posición de Friedrich Hayek también es utilitaria pero más sutil, aunque no menos problemática para una visión religiosa clásica. Hayek no rechaza la tradición; de hecho, genéricamente la defiende. Sin embargo, su explicación de por qué las tradiciones son valiosas no apela ni a la verdad revelada ni a una naturaleza intrínseca, sino a un proceso de evolución cultural. En obras como "La fatal arrogancia", sostiene que las normas sociales, las prácticas y las creencias que han perdurado lo han hecho porque contribuyeron a la supervivencia y expansión de los grupos que las adoptaron.
Esto incluye, explícitamente, a la religión. Pero el punto más incómodo es que Hayek admite que muchas de estas creencias no son verdaderas en sentido factual. Pueden haber sido esenciales para el desarrollo de la civilización, pueden haber reforzado normas necesarias para la cooperación social, pero eso no las convierte automáticamente en verdaderas. Aquí la religión queda reinterpretada no como revelación, sino relativizada como una herramienta evolutiva: un conjunto de prácticas y creencias que funcionaron. Veamos el cuadro en perspectiva:
La religión = producto evolutivo.
Las normas religiosas = útiles, no necesariamente verdaderas.
La moral = resultado de selección cultural.
Esta idea introduce una distinción difícil de sostener para un creyente cristiano tradicional: una cosa es que una creencia sea útil, otra muy distinta es que sea verdadera. Y Hayek, en última instancia, se inclina por la primera, no por la segunda.
9. EL PROBLEMA DEL “DIOS ÚTIL”
La consecuencia de este enfoque es que la religión puede terminar reducida a su función social. Dios deja de ser una realidad trascendente para convertirse, en términos prácticos, en un elemento dentro de un sistema cultural que favorece la cooperación. Esto no implica necesariamente un desprecio por la religión, pero sí una desmitificación profunda. La fe ya no se defiende por su verdad, sino por su eficacia. Es una forma de rechazo sutil al conservadurismo cristiano.
Y aquí aparece una de las tensiones más delicadas: si una religión se justifica porque ha sido útil para la supervivencia social, ¿qué ocurre cuando deja de serlo? ¿Debe abandonarse? ¿Puede seguir reclamando verdad? ¿si deja de serlo, que la sustituye? Para una tradición que entiende la religión como revelación divina, estas preguntas no son menores.
10. MISES Y HAYEK: NI DIOS NI NATURALEZA
Aunque Mises y Hayek difieren en estilo y enfoque, convergen en un punto clave: ninguno fundamenta el orden social en Dios, ni en un derecho natural en sentido clásico. Mises lo hace desde un racionalismo utilitarista que evalúa las instituciones por sus resultados; Hayek desde un evolucionismo cultural que explica las normas como productos de un proceso no diseñado. En ambos casos, la moral y las instituciones dejan de tener un fundamento trascendente claro.
Esto vuelve aún más llamativa la forma en que muchos conservadores religiosos los adoptan como referentes. La respuesta más probable es que se produce una apropiación selectiva: se toman aquellos aspectos que resultan compatibles y se dejan de lado los fundamentos filosóficos divergentes, pero no es posible tapar el sol con un dedo.
11. LA CONTRADICCIÓN QUE NO SIEMPRE SE VE
La tensión puede formularse de manera sencilla pero contundente: si la moral es verdadera por naturaleza o por revelación, no depende de su utilidad; si, en cambio, se justifica por su utilidad, entonces su verdad queda en segundo plano. Ambas posiciones pueden coincidir en algunos resultados prácticos, pero no en su fundamento último. Y cuando esos resultados entran en conflicto con la utilidad, obligan a elegir. Y el problema es que no se trata solo del fundamento de la moral, sino una cosmovisión que abarca toda clase de principios como libertad, propiedad, vida y como se fundamenta el orden social mismo.
Por eso, ¿la propiedad es un derecho natural o una institución útil? ¿la moral es verdadera o adaptativa? ¿la religión es revelación o producto evolutivo cultural? ¿el orden social responde a un diseño o a una evolución sin dirección consciente?
Estas preguntas son invitaciones a la coherencia. Porque seguir simultáneamente a autores que parten de premisas y concepciones distintas puede ser posible en la práctica solo por un tiempo y exige, al menos, reconocer esa diferencia. Veremos a continuación como la tensión se pone de manifiesto si se la interpela:
11.1. LIBERTAD INDIVIDUAL VS. LÍMITES MORALES
¿Es el individuo plenamente libre sobre su cuerpo, sus decisiones y sus intercambios, o existen fronteras éticas que no deberían ser cruzadas, aun cuando medie el consentimiento? Eso depende en gran parte de la visión antropológica del ser humano.
11.2. ESTADO MÍNIMO VS. ESTADO CONSERVADOR
11.3. DERECHO INDIVIDUAL VS. PROTECCIÓN DE LA VIDA
11.4 RAZÓN VS. RELIGIÓN
11.5. MERCADO LIBRE VS. COSIFICACIÓN HUMANA
11.6. CONTRATO VOLUNTARIO VS. LÍMITES A LO NEGOCIABLE
12. CONCLUSIÓN
La adopción acrítica de estos autores libertarios por parte de ciertos sectores conservadores deja abierta una pregunta incómoda: ¿se está defendiendo un conjunto coherente de ideas, o una combinación conveniente de argumentos?
Ni Mises, ni Hayek fueron pensadores religiosos en el
sentido clásico, ni fundamentaron el liberalismo en el derecho natural o en la
revelación divina. Por su lado Rothbard si apeló al derecho natural, pero cayó en contradicción epistemológica con la teoría del valor subjetivo marginalista.
A pesar de todo, las ideas fusionistas han sido incorporadas en discursos
de políticos libertarios como estrategia retórica. Como sea, este artificio tarde o temprano termina colapsando y cayendo por su propio peso.
Una tradición intelectual no se debilita por reconocer sus tensiones, sino por ignorarlas. Y hacer visibles esas tensiones no es un ataque, sino una forma de prevenir desilusiones frente a algo que inevitablemente terminará por quebrarse.
Hoy en Argentina tenemos el gobierno libertario conservador de Javier Milei, la avanzada woke progresista continúa aceleradamente desde el ámbito privado, pero el gobierno no hace nada desde Estado para evitarlo, porque sería intervencionismo estatal. La degradación cultural no se detiene. Mientras la deuda crece, los mercados se van desregulando y las fronteras económicas van desapareciendo, la sociedad sigue siendo colonizada por el progresismo woke. En esta alianza entre liberalismo y el conservadurismo, solo hay un claro ganador.

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