LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR (Parte I de III)

LAS CONTRADICCIONES DEL LIBERALISMO CONSERVADOR



Por Theo Belok

Índice: 

1. INTRODUCCIÓN: LOS REFERENTES INCÓMODOS

2. ¿Donde se origina esta fusión artificial?

3. El fusionismo de Frank Meyer  

4. el paleolibertarismo de Murray Rothbard  

5. Una síntesis forzada 

6. El punto de partida: lo que se dice defender

7. Mises: el liberalismo como utilidad, no como verdad

8. Hayek: relativiza la religión

9. El problema del “Dios útil”

10. Mises y Hayek: ni Dios ni naturaleza

11. La contradicción que no siempre se ve

12. Conclusión




1. INTRODUCCIÓN: LOS REFERENTES INCÓMODOS


En los últimos años, distintos sectores de la llamada “nueva derecha” se han autodefinido como “liberales conservadores”, articulando un discurso que combina defensa del libre mercado con la reivindicación de valores tradicionales. En ese marco, es frecuente la cita a autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Ayn Rand como referentes intelectuales. Sin embargo, una lectura más detenida revela una tensión profunda —muchas veces ignorada— entre las ideas de estos pensadores y los fundamentos del conservadurismo religioso,  tradicional o natural. 

Esta tensión silenciosa —pero profunda— en buena parte del discurso político contemporáneo, muchos liberales conservadores afirman defender un orden moral basado en el derecho natural o incluso en fundamentos religiosos, y al mismo tiempo elevan como referentes intelectuales a autores que, en rigor, socavan esas mismas bases. No se trata de una acusación superficial ni de una simple diferencia de énfasis, sino de una contradicción estructural que, en muchos casos, pasa desapercibida o es deliberadamente ignorada. Entenderla exige ir más allá de etiquetas y lecturas parciales, y enfrentarse directamente con lo que realmente dijeron los ideólogos antes citados.

Vale destacar que esta "nueva derecha" fusionista difiere sustancialmente de la Nouvelle Droite (Nueva derecha) de Alain de Benoist de los años 60 y 70 por una razón fundamental: de Benoist y el GRECE francés son fuertemente antiliberales y paganistas/etnonacionalistas, viendo al libre mercado como un agente destructor de las identidades culturales europeas. Escribiré un artículo al respecto más adelante donde detallaré cual es la posición de la Teoría Soberanista respecto a ellos. 

Ahora volvamos a los referentes incómodos de la nueva derecha fusionista: Mises, Hayek y Rothbard pertenecen, con matices, a la tradición de la Escuela Austríaca de economía y al pensamiento liberal libertario, que a nuestro modo de ver es un liberalismo extremo o incluso un liberalismo deformado. En todos ellos hay un fuerte énfasis en la libertad individual, el libremercado y una poderosa crítica al intervencionismo estatal. En el caso de Rothbard, esta lógica se radicaliza hasta el anarcocapitalismo, donde el Estado no solo debe reducirse al mínimo, sino desaparecer por completo, beneficiando con ello a la agenda globalista.

Por otro lado, Ayn Rand desarrolla el objetivismo, una filosofía que exalta la razón individual, el egoísmo racional, el mercado y el rechazo explícito de la religión. Su pensamiento no solo es liberal en lo económico, sino profundamente individualista en lo moral, defendiendo la autonomía personal como valor supremo. Esta postura resulta difícilmente compatible con cualquier forma de conservadurismo religioso, que suele basarse en la existencia de un orden moral trascendente.

Aquí es donde emerge el núcleo del problema: la coexistencia, dentro del discurso de una nueva derecha, de tradiciones intelectuales que no solo son distintas, sino en muchos aspectos son  contradictorias. En el presente ensayo se hará foco sobre la compatibilidad de Mises y Hayek con el conservadurismo, sin agotar el debate, ya que continuaré el tópico en otros dos ensayos más, donde se profundizará en la propuesta antropológica de Mises y otros autores "austriacos". 


2. ¿DONDE SE ORIGINA ESTA FUSIÓN ARTIFICIAL?

En los últimos años, el resurgimiento de corrientes liberales y libertarias en el debate público como reacción a la avanzada progresista global, ha venido acompañado por una curiosa convergencia con discursos de corte conservador. Esta articulación, visible en figuras intelectuales y políticas contemporáneas, como ser Agustín Laje, Axel Kaiser, Ben Shapiro, Javier Milei y Abelardo de la Espriella, parece ofrecer una síntesis potente: una defensa radical del mercado, de la libertad individual, del judeocristianismo, combinada con una crítica firme al progresismo cultural. La visión económica no solo es liberal, sino especialmente la libertaria austriaca. Esta corriente hasta hace décadas marginal, ha inundado el debate público gracias a la propaganda por redes sociales y la promoción por parte de destacados referentes populistas.  

Sin embargo, al examinar con mayor detenimiento los fundamentos teóricos de estas corrientes, y los autores e influencers liberales que suelen auto proclamarse "conservadores" de la "nueva derecha", emergen divergencias o contradicciones difíciles de ignorar. 

Como verán no incluyo a Donald Trump, ya que su programa económico es nacionalista económico y proteccionista, según sus propias declaraciones que recojo en varios de mis artículos y libros. La prensa suele denominar a todo lo anterior como "extrema derecha" o nueva derecha. ¿Todas estas formaciones nacen de manera espontánea o fueron planificadas por algún ideólogo particular?

3. EL FUSIONISMO DE FRANK MEYER  

El término "fusionismo" proviene de la propuesta de Frank Meyer en la década de 1950 en Estados Unidos, quien teorizó la fusión entre el libertarismo económico y el conservadurismo tradicionalista para enfrentar al comunismo durante la Guerra Fría. 

4. EL PALEOLIBERTARISMO DE MURRAY ROTHBARD  

Varias décadas más tarde  Murray Rothbard  (junto a Lew Rockwell) plantea como estrategia de activismo político fusionar:

a) los principios libertarios: oposición radical al Estado, más la defensa incondicional del libre mercado.

b) Defensa de valores e instituciones tradicionales: la religión, la familia y la herencia cultural.

Esto se plasmó en lo que se llamó "paleolibertarismo" que tuvo su auge al rededor de los años 80-90 del siglo pasado, y se presentó como la fórmula: economía austríaca + moral tradicional. Esta corriente abogaba por un retorno a los estándares morales objetivos, citando explícitamente aquellos arraigados en la tradición judeocristiana. Hice una crítica de este concepto en mi artículo "El mito de la civilización judeocristiana" (leer aquí)

5. UNA SÍNTESIS FORZADA   


Estas tensiones no son meramente teóricas. Constituyen el punto de fricción donde una posible síntesis entre liberalismo y conservadurismo encuentra sus mayores dificultades.

¿Por qué, entonces, estos autores son citados con tanta frecuencia por sectores conservadores? 
La respuesta parece estar en una apropiación selectiva de sus ideas, especialmente en el terreno económico. La crítica al socialismo y al progresismo funcionan como puntos de encuentro.

Sin embargo, esta coincidencia parcial no elimina las tensiones de fondo. De hecho, los mismos autores que son reivindicados por estos sectores también son frecuentemente utilizados por corrientes libertarias que promueven agendas culturales opuestas al conservadurismo, incluyendo posturas favorables a la liberalización de drogas, el aborto o los derechos LGBT.

Esto sugiere que la síntesis entre liberalismo radical y conservadurismo no es tanto una doctrina coherente como una alianza contingente. Puede ser relativamente eficaz en el plano político, pero presenta serias dificultades cuando se la examina desde el punto de vista filosófico.

En última instancia, el desafío para quienes se identifican como “liberales conservadores” es definir si esta combinación es sostenible en términos teóricos o si se trata, más bien, de una convergencia  que evita enfrentar sus propias contradicciones. A continuación presentaré una disquisición tanto del liberalismo como del conservadurismo, dejando planteada la pregunta de si existe un liberalismo más cercano y otro más lejano al conservadurismo.  

5.1. EL LIBERALISMO

Hay dos tradiciones liberales distintas, y solo una es relativamente compatible con el conservadurismo. 
El problema tiene que ver en cómo fundamentan la libertad, la vida, la propiedad y las instituciones:

A). Tradición iusnaturalista, las fundamenta en un orden moral objetivo, basado en derechos naturales (John Locke), sentimientos morales universales (Adam Smith), puede dialogar con el conservadurismo. 

B). Tradición malthusiana/darwinista/utilitaria, las fundamenta en la utilidad instrumental (Ludwig von Mises) o en la evolución o selección cultural (Friedrich Hayek), entra en tensión con el conservadurismo cristiano. 

En su vertiente más radical no se limita a defender la libertad económica, sino que tiende a extender el principio de autonomía individual absoluta a todas las esferas de la vida. Esto implica, en muchos casos, la validación de decisiones personales sin más límite que la no interferencia coercitiva de terceros. Desde esta lógica, prácticas que tradicionalmente han sido objeto de reparo moral —como el consumo de drogas, el aborto, la mercantilización de cuerpos o partes del propio cuerpo— pueden ser reinterpretadas como expresiones legítimas de libertad. 

No todas las versiones del liberalismo entran en conflicto frontal con el conservadurismo. Aquellas que abandonan un fundamento moral objetivo —y lo reemplazan por la utilidad o la evolución progresiva de instituciones— introducen una tensión que se vuelve visible en situaciones límite.

5.2. EL CONSERVADURISMO


En cambio, parte de una premisa distinta: la existencia de límites morales, culturales o incluso naturales que no deberían ser transgredidos, independientemente de la voluntad individual. La defensa de la familia, la vida desde la concepción o ciertos valores considerados fundacionales entran, en este sentido, en tensión directa con una concepción ilimitada de la libertad.

Cuando aparece un conflicto entre utilidad y principio inherente, las teorías obligan a decidir distinto. 

En este punto, la tensión entre ambas tradiciones liberales puede observarse con mayor nitidez si se la proyecta sobre tres dimensiones fundamentales de la experiencia humana: la propiedad, la libertad y la vida

En un marco de derechos naturales —como el que se desprende de John Locke— estos tres elementos funcionan como límites morales firmes: no son meras herramientas al servicio de fines superiores, sino principios que no pueden ser vulnerados sin afectar el orden mismo que pretenden sostener. La propiedad no se justifica por su eficiencia, sino por su legitimidad; la libertad no se concede por conveniencia, sino que se reconoce como inherente; y la vida no se evalúa en términos de utilidad, sino que se afirma como un valor en sí mismo. 

En cambio, cuando estos mismos elementos son abordados desde una lógica instrumental —más cercana a Ludwig von Mises o Friedrich Hayek— su justificación descansa en los efectos que producen: la propiedad es defendida por su capacidad de generar prosperidad, la libertad por su contribución al orden y la cooperación, y la vida por su inserción en un sistema que maximiza resultados sociales. 

En condiciones normales, ambas perspectivas pueden coincidir en la práctica; pero es en los casos límite donde la diferencia se vuelve decisiva. Allí donde una establece un límite infranqueable, la otra deja abierta —al menos en principio— la posibilidad de excepción. Y es precisamente en esa apertura donde emerge la tensión de fondo: si los pilares del orden social son condicionales a su utilidad, entonces su vigencia no es absoluta, sino contingente.

El problema es que comunicadores y actores políticos como Agustín Laje y Javier Milei defienden fervientemente el derecho a la vida desde la concepción (visión iusnaturalista) y citan frecuentemente en su discursos a teóricos como Mises y Rand que no consideran propiamente humanos a quienes están incapacitados para actuar y elegir conscientemente.  

La coexistencia de ambas concepciones en un mismo espacio discursivo no parece responder a una síntesis teórica plenamente resuelta, sino más bien a una convergencia táctica frente a adversarios comunes. En las últimas décadas se ha forjado esta alianza  liberal-conservadora que revela una fuerte contradicción de fondo que no puede ser indefinidamente postergada: si la libertad individual es el principio rector absoluto, ¿Qué lugar ocupan los límites morales que el conservadurismo pretende resguardar?

Estas tensiones no son meramente teóricas. Constituyen el punto de fricción donde una posible síntesis entre liberalismo y conservadurismo encuentra sus mayores dificultades. ¿Puede existir un liberalismo conservador coherente, o estamos ante una alianza inevitablemente inestable?
Estas no son contradicciones menores, sino fisuras estructurales. El libertarismo llevado a su lógica pura más extrema, puede erosionar los fundamentos morales que el conservadurismo quiere preservar.

6. EL PUNTO DE PARTIDA: LO QUE SE DICE DEFENDER


Muchos conservadores religiosos contemporáneos sostienen que existe un orden moral objetivo, ya sea accesible por la razón —como en la tradición del derecho natural— o por la revelación divina.
 Desde esta perspectiva, instituciones como la propiedad privada, la familia o ciertas normas sociales no son meras convenciones útiles, sino expresiones de una verdad más profunda sobre la naturaleza humana o la voluntad de Dios. Esta tradición tiene raíces que van desde la filosofía clásica griega hasta la teología medieval cristiana, con figuras como Thomas Aquino, articulando una síntesis entre razón y fe que aún hoy influye en el pensamiento conservador.

Hasta aquí, la postura es coherente. El problema aparece cuando se intenta fundamentar el edificio social utilizando autores que, lo hacen desde premisas completamente distintas y cuyas derivaciones lógicas implican en última instancia una contradicción hacia el conservadurismo.


7. MISES: EL LIBERALISMO COMO UTILIDAD, NO COMO VERDAD

En el caso de Ludwig von Mises, la cuestión es bastante clara si se lo lee directamente. En su obra Liberalismo, deja explícito que el liberalismo no se basa en mandamientos divinos ni en una metafísica de derechos naturales. Su defensa de la propiedad privada, del mercado y de la cooperación social no descansa en que estas instituciones sean “justas en sí”, sino en que producen mejores resultados. Son preferibles porque funcionan, porque permiten una mayor prosperidad, porque facilitan la cooperación y reducen el conflicto.

Esto implica un giro importante: el fundamento ya no es ontológico, sino instrumental. No se afirma que algo sea correcto porque responde a la naturaleza humana o a un orden divino, sino porque genera consecuencias deseables. Es, en esencia, una forma evidente de utilitarismo. Y aquí aparece la primera gran tensión: si alguien cree que los derechos derivan de la naturaleza o de Dios, ¿Cómo puede sostener simultáneamente una teoría que los justifica únicamente por sus resultados? Son dos lenguajes distintos, dos niveles de justificación que no siempre coinciden.

8. HAYEK: RELATIVIZA LA RELIGIÓN

La posición de Friedrich Hayek también es utilitaria pero más sutil, aunque no menos problemática para una visión religiosa clásica. Hayek no rechaza la tradición; de hecho, genéricamente la defiende. Sin embargo, su explicación de por qué las tradiciones son valiosas no apela ni a la verdad revelada ni a una naturaleza intrínseca, sino a un proceso de evolución cultural. En obras como "La fatal arrogancia", sostiene que las normas sociales, las prácticas y las creencias que han perdurado lo han hecho porque contribuyeron a la supervivencia y expansión de los grupos que las adoptaron.

Esto incluye, explícitamente, a la religión. Pero el punto más incómodo es que Hayek admite que muchas de estas creencias no son verdaderas en sentido factual. Pueden haber sido esenciales para el desarrollo de la civilización, pueden haber reforzado normas necesarias para la cooperación social, pero eso no las convierte automáticamente en verdaderas. Aquí la religión queda reinterpretada no como revelación, sino relativizada como una herramienta evolutiva: un conjunto de prácticas y creencias que funcionaron. Veamos el cuadro en perspectiva: 

La religión = producto evolutivo.
Las normas religiosas = útiles, no necesariamente verdaderas.
La moral = resultado de selección cultural.

Esta idea introduce una distinción difícil de sostener para un creyente cristiano tradicional: una cosa es que una creencia sea útil, otra muy distinta es que sea verdadera. Y Hayek, en última instancia, se inclina por la primera, no por la segunda.

9. EL PROBLEMA DEL “DIOS ÚTIL”

La consecuencia de este enfoque es que la religión puede terminar reducida a su función social. Dios deja de ser una realidad trascendente para convertirse, en términos prácticos, en un elemento dentro de un sistema cultural que favorece la cooperación. Esto no implica necesariamente un desprecio por la religión, pero sí una desmitificación profunda. La fe ya no se defiende por su verdad, sino por su eficacia. Es una forma de rechazo sutil al conservadurismo cristiano. 

Y aquí aparece una de las tensiones más delicadas: si una religión se justifica porque ha sido útil para la supervivencia social, ¿qué ocurre cuando deja de serlo? ¿Debe abandonarse? ¿Puede seguir reclamando verdad? ¿si deja de serlo, que la sustituye? Para una tradición que entiende la religión como revelación divina, estas preguntas no son menores.

10. MISES Y HAYEK: NI DIOS NI NATURALEZA

Aunque Mises y Hayek difieren en estilo y enfoque, convergen en un punto clave: ninguno fundamenta el orden social en Dios, ni en un derecho natural en sentido clásico. Mises lo hace desde un racionalismo utilitarista que evalúa las instituciones por sus resultados; Hayek desde un evolucionismo cultural que explica las normas como productos de un proceso no diseñado. En ambos casos, la moral y las instituciones dejan de tener un fundamento trascendente claro.

Esto vuelve aún más llamativa la forma en que muchos conservadores religiosos los adoptan como referentes. La respuesta más probable es que se produce una apropiación selectiva: se toman aquellos aspectos que resultan compatibles y se dejan de lado los fundamentos filosóficos divergentes, pero no es posible tapar el sol con un dedo.

11. LA CONTRADICCIÓN QUE NO SIEMPRE SE VE

La tensión puede formularse de manera sencilla pero contundente: si la moral es verdadera por naturaleza o por revelación, no depende de su utilidad; si, en cambio, se justifica por su utilidad, entonces su verdad queda en segundo plano. Ambas posiciones pueden coincidir en algunos resultados prácticos, pero no en su fundamento último. Y cuando esos resultados entran en conflicto con la utilidad, obligan a elegir. Y el problema es que no se trata solo del fundamento de la moral, sino una cosmovisión que abarca toda clase de principios como libertad, propiedad, vida y como se fundamenta el orden social mismo. 

Por eso, ¿la propiedad es un derecho natural o una institución útil? ¿la moral es verdadera o adaptativa? ¿la religión es revelación o producto evolutivo cultural? ¿el orden social responde a un diseño o a una evolución sin dirección consciente?

Estas preguntas son invitaciones a la coherencia. Porque seguir simultáneamente a autores que parten de premisas y concepciones distintas puede ser posible en la práctica solo por un tiempo y exige, al menos, reconocer esa diferencia. Veremos a continuación como la tensión se pone de manifiesto si se la interpela: 

11.1. LIBERTAD INDIVIDUAL VS. LÍMITES MORALES

El libertarianismo, especialmente en sus versiones más radicales, sostiene que la libertad individual debe prevalecer siempre que no se vulneren derechos ajenos. Bajo esta lógica, decisiones sobre consumo de drogas, orientación sexual o prácticas personales quedan en el ámbito privado.

¿Es el individuo plenamente libre sobre su cuerpo, sus decisiones y sus intercambios, o existen fronteras éticas que no deberían ser cruzadas, aun cuando medie el consentimiento? Eso depende en gran parte de la visión antropológica del ser humano. 
¿Debe permitirse toda práctica elegida libremente —como el consumo de drogas— o corresponde restringir aquellas que puedan erosionar la salud propia, el tejido social o los valores comunitarios?

El conservadurismo religioso, en cambio, afirma la existencia de un orden moral objetivo que la sociedad debe proteger. La familia, la religión y las costumbres no son vistas como elecciones individuales más, sino como pilares que sostienen el tejido social. Desde esta perspectiva, ciertas conductas no pueden ser moralmente neutras, aunque no impliquen un daño directo a terceros.

11.2. ESTADO MÍNIMO VS. ESTADO CONSERVADOR

Otra tensión central aparece en el rol del Estado. Para Hayek y principalmente para Rothbard, el ideal es una sociedad sin Estado, donde todas las funciones se rijan por acuerdos voluntarios. En cambio, muchos conservadores consideran legítimo —e incluso necesario— que el Estado intervenga para preservar valores considerados fundamentales, como la vida, la institución familiar, el matrimonio o determinadas normas culturales.

Esto genera una contradicción difícil de resolver: ¿cómo sostener simultáneamente un Estado mínimo no intervencionista y un Estado que actúe como garante de un orden tradicional?
Se da la paradoja por ejemplo de la actual difusión de la ideología progresistas-woke a través del Estado y a través de medios privados de comunicación masivos como Netflix o Hollywood. El liberal extremo solo tiende a criticar la difusión oficial-gubernamental de dicha ideología, pero nada dice sobre el mal que genera la "industria privada del entretenimiento". Un Estado liberal mínimo no podría poner freno a esta ofensiva woke por la vía privada. Un Estado conservador o Estado iliberal si puede hacerlo, países como Rusia y Hungría son ejemplos de esto en casos donde restringen la propaganda LGBT.  Tales restricciones son tildadas de autoritarias por la prensa liberal. 

11.3. DERECHO INDIVIDUAL VS. PROTECCIÓN DE LA VIDA 

En cuestiones como el aborto, esta gran contradicción se pone de manifiesto: ¿prima la decisión de una mujer sobre no gestar un hijo en su vientre; o la defensa de la vida desde la concepción como principio superior?

11.4 RAZÓN VS. RELIGIÓN 

Finalmente, el contraste entre razón y tradición profundiza la brecha. El pensamiento de Ayn Rand coloca a la razón individual como única guía válida para la acción humana, rechazando la fe y la autoridad de la tradición.  Mises por su parte, no se pronuncia sobre fines, sino sobre medios  —con ello rechaza toda idea de trascendencia, inmanencia o revelación. La única guía válida son las preferencias subjetivas individuales según la razón instrumental
El conservadurismo clásico, por el contrario, tiende a desconfiar de los intentos de reconstruir la sociedad desde principios abstractos, valorando la experiencia acumulada, las instituciones heredadas y la religión como fuentes de guía válida para la acción humana.   

11.5. MERCADO LIBRE VS. COSIFICACIÓN HUMANA 

¿Es legítimo extender la lógica de mercado y la propiedad privada a ámbitos como los órganos, la gestación o incluso la infancia, o existe un umbral a partir del cual la mercantilización implica una forma de deshumanización?

11.6. CONTRATO VOLUNTARIO VS. LÍMITES A LO NEGOCIABLE

Si dos partes consienten libremente un acuerdo, ¿el mismo es automáticamente válido, o hay ciertos entes —el cuerpo, la dignidad, la vida— que no deberían ser objeto de transacción o acuerdo? 

Estas diferencias no son menores: implican visiones opuestas sobre cómo debe organizarse la vida social y qué fundamentos legitiman las normas.

12. CONCLUSIÓN

La adopción acrítica de estos autores libertarios por parte de ciertos sectores conservadores deja abierta una pregunta incómoda: ¿se está defendiendo un conjunto coherente de ideas, o una combinación conveniente de argumentos? 

Ni Mises, ni Hayek fueron pensadores religiosos en el sentido clásico, ni fundamentaron el liberalismo en el derecho natural o en la revelación divina. Por su lado Rothbard si apeló al derecho natural, pero cayó en contradicción epistemológica con la teoría del valor subjetivo marginalista.
A pesar de todo, las ideas fusionistas han sido incorporadas en discursos de políticos libertarios como estrategia retórica. Como sea, este artificio tarde o temprano termina colapsando y cayendo por su propio peso. 

Una tradición intelectual no se debilita por reconocer sus tensiones, sino por ignorarlas. Y hacer visibles esas tensiones no es un ataque, sino una forma de prevenir desilusiones frente a algo que inevitablemente terminará por quebrarse. 

Hoy en Argentina tenemos el gobierno libertario conservador de Javier Milei, la avanzada woke progresista continúa aceleradamente desde el ámbito privado, pero el gobierno no hace nada desde Estado para evitarlo, porque sería intervencionismo estatal. La degradación cultural no se detiene. Mientras la deuda crece, los mercados se van desregulando y las fronteras económicas van desapareciendo, la sociedad sigue siendo colonizada por el progresismo woke. En esta alianza entre liberalismo y el conservadurismo, solo hay un claro ganador. 

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