ELECCIONES DE MEDIO TÉRMINO: JAQUE A TRUMP

 

Crónica de una derrota anunciada: ¿Por qué Donald Trump se encamina a perder el control del Congreso?

Midterms

Por Theo Belok.

El escenario político de Estados Unidos se prepara para una jornada crucial. Mañana, 3 de noviembre de 2026, los ciudadanos acudirán a las urnas en las denominadas elecciones de medio término (midterms). Aunque el nombre del presidente Donald Trump no figura directamente en las boletas, el resultado de esta votación se presenta como un referéndum directo sobre sus dos primeros años de este segundo mandato. Las proyecciones y principales encuestas anticipan un panorama sumamente sombrío para el oficialismo, vaticinando una inminente derrota del Partido Republicano en estas elecciones legislativas.

¿Qué significan estas elecciones y qué está en juego?

Las elecciones de medio término se celebran a los dos años, justo a la mitad del periodo presidencial de cuatro años. En esta oportunidad, el impacto institucional es total ya que se disputan: La totalidad de la Cámara de Representantes, renovando 435 escaños. Un tercio del Senado: renovando 35 de las 100 bancas. A esto debemos sumar la renovación de Poderes regionales: se eligen también 36 gobernaciones y múltiples cargos locales.

El control del Capitolio define la arquitectura del poder en Washington. Quien posea la mayoría adquiere la crucial "facultad del bolsillo" (control del presupuesto), la potestad de aprobar o bloquear designaciones judiciales y la capacidad de iniciar investigaciones parlamentarias sobre la administración del Ejecutivo, pudiendo alcanzar al presidente o algún ministro.

La "normalidad" histórica de la derrota

Desde una perspectiva histórica, un revés para el partido gobernante no debería sorprender a nadie. Existe un patrón sociopolítico sumamente arraigado: el partido del presidente en funciones ha perdido escaños en la Cámara de Representantes en 20 de las últimas 22 elecciones de medio término celebradas desde 1938.
Esta tendencia responde al desgaste natural del ejercicio del poder y a que los votantes opositores suelen acudir a las urnas con mayor niveles de movilización que los oficialistas. En ese sentido, perder la mayoría parlamentaria entra dentro de los parámetros de la "normalidad" de la política estadounidense. Sin embargo, la magnitud del castigo que se prevé para mañana excede el promedio histórico.


El factor Trump: Aprobación en mínimos y los errores de gestión

A diferencia de otros procesos históricos, el Partido Republicano no solo lucha contra la inercia de las estadísticas, sino contra el profundo declive de la figura presidencial. De acuerdo con el sondeo de Reuters/Ipsos de noviembre de 2026, la aprobación de Donald Trump se sitúa en un crítico 32%, rozando el mínimo histórico del 31% registrado semanas atrás. El análisis de Silver Bulletin sitúa su desaprobación cerca del 59%, reflejando un ambiente de fuerte descontento popular.
Este declive en la popularidad no es casual y se fundamenta principalmente en dos factores clave:

A)
Una economía asfixiada por la geopolítica: Los estadounidenses sufren un aumento sostenido en el costo de los alimentos y la energía. La confianza en la gestión de Trump se desmorona ante la incapacidad de frenar el conflicto ucraniano y los ataques de Zelenski a refinerías rusas. A esto se suma el frente en Medio Oriente: la guerra iniciada por Trump y Netanyahu provocó el bloqueo del estrecho de Ormuz. Al cortar el suministro de petróleo y fertilizantes que pasa por este punto clave, el mercado energético y agrícola pasaron la factura. Esta crisis terminó afectando de forma directa a los agricultores que apoyaban al mandatario y encareciendo la vida de todo el país.

B) La impopular guerra con Irán: Contrario a sus promesas de campaña de terminar con los conflictos armados internacionales, la escalada bélica y la apertura del frente militar en Irán han generado una profunda desilusión en el electorado, que observa con rechazo los costos de esta nueva confrontación exterior y el peso de determinadas alianzas. 


El día después: el impacto en la presidencia y el Partido Republicano

De consolidarse las ventajas de entre 5 y 11 puntos que las encuestas otorgan a los demócratas, las consecuencias políticas transformarán por completo el panorama institucional.
Para el Partido Republicano, una derrota forzará una profunda autocrítica interna. El viraje estratégico de Trump en los últimos días de campaña, teniendo que respaldar candidatos en bastiones históricamente seguros como Texas o Kansas, ya es un síntoma de que el liderazgo actual está perdiendo tracción en sectores clave. Otros estados pueden definirlo todo: Alaska, Georgia, Ohio, Carolina del Norte y Maine.

Para la presidencia de Trump, el escenario de los próximos dos años será el de un "pato rengo" (lame duck). Con un Congreso bajo control demócrata, su agenda legislativa quedará completamente paralizada. La oposición ya ha adelantado sus prioridades si recupera las mayorías: frenar el financiamiento para las operaciones en Irán, revertir las políticas arancelarias y abrir paso a investigaciones parlamentarias sobre el entorno presidencial. Esto incluye la posibilidad de iniciar un juicio político (impeachment), un mecanismo que, si bien no implica la destitución automática, requiere de una mayoría especial en el Senado sumamente compleja de alcanzar. Históricamente, ningún presidente de EE. UU. ha sido destituido mediante este proceso por lo difícil que es alcanzar esa cifra en un ambiente bipartidista.

A partir del miércoles, Trump podría verse obligado a gobernar exclusivamente mediante el uso del veto presidencial, en un contexto de permanente parálisis y hostilidad política.


Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?" y "Trump contra el Globalismo" . Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com



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