Las grietas de la Nueva Derecha: Carlson, Meloni, Milei y Dannan

Por Theo Belok.

La nueva derecha no puede entenderse como un bloque político homogéneo detrás de Donald Trump. La segunda etapa del trumpismo está haciendo visibles tensiones que durante años permanecieron parcialmente ocultas: nacionalistas contra internacionalistas, aislacionistas contra intervencionistas, estadounidenses contra europeos y, sobre todo, antiguos aliados que comienzan a preguntarse qué significa realmente el lema “America First”.

Las historias de Tucker Carlson, Milo Yiannopoulos y Giorgia Meloni permiten observar caras diferentes de esa transformación. En un caso, la ruptura se produce dentro del propio movimiento conservador estadounidense; en otro, aparece la decadencia de una de las figuras emblemáticas de la antigua alt-right; y en el tercero, las contradicciones surgen entre dos gobiernos que, pese a compartir buena parte de su discurso político, defienden intereses nacionales que no siempre coinciden.

Tucker Carlson retira su apoyo a Trump  

Durante años, Tucker Carlson fue una de las voces más influyentes de la derecha estadounidense y uno de los comunicadores que mejor supieron conectar con el electorado que llevó a Trump a la Casa Blanca. Su discurso combina nacionalismo moderado, conservadurismo, crítica al establishment de Washington, junto a un rechazo de las guerras exteriores y una defensa cada vez más explícita de una política basada en el interés nacional estadounidense.

Por eso resulta especialmente significativa su ruptura con el Partido Republicano.

Carlson sostiene que buena parte de los dirigentes republicanos han dejado de ser fieles a los intereses de Estados Unidos. Su principal crítica se dirige a la política exterior y, particularmente, al apoyo estadounidense a Israel. Desde su perspectiva, el principio de America First debería significar que Washington no comprometa recursos, soldados o intereses estadounidenses en función de las necesidades de otros países.

La importancia de esta posición va más allá de Carlson. Lo que está en discusión es una de las grandes contradicciones de la nueva derecha estadounidense: ¿puede el movimiento MAGA mantener simultáneamente su nacionalismo económico-político y la tradicional política exterior republicana?

Durante décadas, el Partido Republicano estuvo estrechamente asociado con una política exterior intervencionista, una poderosa alianza con Israel y una defensa de la posición hegemónica de Estados Unidos sosteniendo activamente un mundo unipolar. Una parte significativa del  movimiento que catapultó a Trump al poder, quiere romper con esa tradición que denominan "neoconservadora".

Carlson representa precisamente la visión nacionalista America First contraria al neoconservadurismo: una derecha que no quiere abandonar el poder estadounidense, pero que sí quiere utilizarlo de otra manera. Menos guerras, menos compromisos de ayudas internacionales y mayor concentración en la resolución de problemas internos. Carlson siguió y apoyó a Trump por estas razones, pero dijo recientemente que se sentía decepcionado con el desvío que estaba tomando el presidente con esta guerra contra Irán.  

La disputa, por tanto, no es entre derecha e izquierda. Es una disputa sobre qué significa ser de derechas en la era posterior a Trump.

Milo Yiannopoulos: de icono de la alt-right a la deportación

Durante la primera campaña presidencial de Trump, Yiannopoulos fue una de las figuras más reconocibles de la denominada alt-right. Su provocación permanente, sus ataques contra el feminismo y la izquierda y su capacidad para generar polémicas en redes sociales lo convirtieron en uno de los rostros más visibles de aquella nueva derecha digital.

Pero aquella generación política ha cambiado. Yiannopoulos perdió buena parte de la influencia que había alcanzado durante los primeros años del trumpismo y quedó progresivamente desplazado del centro de la conversación política. Su posterior trayectoria terminó muy lejos del protagonismo que había tenido durante la campaña de 2016.

Ahora su historia adquiere un carácter casi paradójico. Un activista que había defendido algunas de las posiciones más duras de la derecha estadounidense en materia migratoria terminó siendo deportado de Estados Unidos por las autoridades migratorias. El británico Yiannopoulos había permanecido en el país después de la expiración de su visado y, posteriormente, recibió una orden definitiva de expulsión por no presentarse a una regularización.

Más allá de la ironía del caso, su historia permite observar cómo ha cambiado el ecosistema de la derecha estadounidense. La alt-right de los años de Trump ya no es exactamente la misma. Algunas de aquellas figuras desaparecieron, otras fueron absorbidas por el movimiento MAGA y otras quedaron marginadas. Mientras tanto, nuevas voces y nuevas disputas ocuparon su lugar.

El caso de Milo muestra, en cierto sentido, el final de una época: la de aquella primera derecha digital que convirtió la provocación, las redes sociales y la guerra cultural en una herramienta política central.

Meloni y Trump, diferencias por la guerra contra Irán

La relación entre Donald Trump y Giorgia Meloni permite trasladar el conflicto al escenario internacional.

A primera vista, ambos líderes deberían ser aliados naturales, y de hecho lo eran. Comparten una visión crítica de determinadas políticas migratorias, una defensa de la soberanía nacional y una oposición a la agenda progresista. Meloni, además, ha mantenido una relación mucho más cercana con Trump que otros dirigentes europeos.

Pero compartir una ideología general no elimina los intereses nacionales. Las tensiones entre Washington y Roma muestran precisamente ese problema. Cuando Trump exige que los aliados europeos acompañen determinadas decisiones de Estados Unidos, los gobiernos europeos tienen que decidir hasta dónde están dispuestos a seguir a Washington y dónde comienzan sus propios intereses. La mayoría de los países europeos dieron la espalda a la agresión bélica contra Irán.  

Meloni puede defender una Europa más soberanista y compartir buena parte de la agenda de Trump, pero sigue siendo la primera ministra de Italia. Su obligación política es defender los intereses italianos. Y consideraba que prestar el espacio aéreo y pistas de aterrizaje como escala que facilite el ataque a Irán, pondría a los italianos como cómplices de la agresión. 

Y ahí aparece una paradoja fundamental de la nueva derecha. El nacionalismo une a sus protagonistas, pero también puede separarlos. Si cada gobierno coloca los intereses de su propio país por encima de las alianzas internacionales, los conflictos entre esos gobiernos dejan de ser una anomalía y pasan a formar parte de la propia lógica del movimiento.

Trump dice “America First”. Meloni dice, en esencia, “Italia primero”. Ambos pueden coincidir en muchas cuestiones, pero cuando los intereses de Washington y Roma entran en conflicto, la alianza ideológica tiene un límite. Trump en vez de reconocerlo, como un Rey caprichoso, vilipendió a la mandataria italiana, sin advertir que se está quedando cada vez más solo.   

La "Libertad Avanza" de Milei se desintegra

El el economista experto en finanzas públicas Héctor Giuliano, considera el gabinete del presidente argentino Javier Milei como el "gobierno de los banqueros" o de la banca J.P. Morgan. Esto es debido a que varias de las máximas autoridades del gabinete de Milei, compartieron carrera en este megabanco global de inversiones de Wall Street. Por ejemplo Luis "Toto" Caputo, Santiago Bausili, Vladimir Wening, José Luis Daza, Alejandro Lew y Pablo Quirno entre otros. Para Giuliano, la prioridad absoluta de la gestión es asegurar el repago de los intereses de la deuda. 

La Libertad Avanza atraviesa una fuerte crisis de estabilidad debido al recambio récord de funcionarios, los conflictos y quiebres con ciertos cofundadores de su espacio, así como también la estrepitosa caída de su principal estratega digital, Fernando Cerimedo. Este escenario refleja las dificultades del oficialismo para sostener su estructura original frente a purgas internas y conflictos internos. La salida del vocero presidencial Manuel Adorni estuvo directamente detonada por un escándalo de presunto enriquecimiento ilícito, y el núcleo del poder sumó una gravísima crisis por la filtración de audios vinculados a Karina Milei, la hermana del presidente libertario. 

A esto se suma la fractura con el núcleo ideológico interno y externo. Recientemente se desató una fuerte interna entre Javier Milei y el politólogo Agustín Laje debido a una entrevista que dio en Infobae cuestionando la marcha de la economía y advirtiendo que la "batalla cultural" no alcanza para asegurar la reelección y que si la nueva derecha no le mejora el metro cuadrado a la gente, el péndulo volverá a inclinarse hacia la izquierda política en toda la región. El cruce de reproches derivó en la ruptura de comunicaciones por parte del presidente seguido de presuntos insultos, impactando directo en el principal andamiaje doctrinario y financiero del relato oficialista.

El influyente streamer liberal Emmanuel Danann que ayudó a consolidar el ascenso de Milei, selló su alejamiento definitivo de La Libertad Avanza acusando al espacio de haberse vuelto "personalista y sectario". Junto al intelectual Pablo Muñoz Iturrieta denunciaron la nueva alianza incondicional con Israel. Danann apuntó que el Gobierno abandonó las ideas de la libertad, cuestionó que desde la cúpula oficialista pareciera ordenarse que "no hay lugar para librepensadores" y lamentó que se persiga la disidencia digital. Criticó que el actual gobierno está formado por gente del PRO (el partido del ex presidente Mauricio Macri).

Todo esto se suma a las bajas sorprendentes, como la del legislador porteño Ramiro Marra, otro de los cofundadores del espacio, que fue formalmente eyectado de La Libertad Avanza a nivel nacional por orden directa de Karina Milei.  

Una nueva derecha en proceso de redefinición

Estas historias apuntan hacia una misma conclusión: la nueva derecha está atravesando un proceso de redefinición.

La cuestión ya no es simplemente si Trump tiene más o menos poder. La pregunta es qué tipo de movimiento político ha creado y hacia dónde puede evolucionar.

Dentro de Estados Unidos conviven sectores que quieren una política exterior más aislacionista con otros que mantienen las posiciones más belicistas del Partido Republicano. Conviven defensores de una relación privilegiada con Israel con nacionalistas que consideran que esa alianza debe ser revisada. Conviven antiguos protagonistas de la alt-right con una nueva generación de dirigentes y comunicadores que han desplazado a aquellos primeros referentes.

Y fuera de Estados Unidos aparece otra contradicción. Los movimientos nacional-populistas europeos pueden considerar a Trump un aliado ideológico, pero no necesariamente aceptarán que la defensa del nacionalismo estadounidense implique subordinar sus propios intereses a Washington. En varios países europeos, la nueva derecha comienza a distanciarse de la figura de Trump. Lo que antes sumaba, hoy resta votos. El presidente norteamericano ha cometido graves errores, una guerra impopular, alianzas ciegas, apetencias territoriales, saqueo de petroleo, prepotencia, y retórica genocida; con todo ello, son pocos quienes expresan ahora su apoyo incondicional.  

El verdadero debate detrás del “America First”

Quizás por eso la pregunta más importante para entender el segundo mandato de mandatario naranja, no sea simplemente qué hará Trump, sino qué significa realmente America First.

¿Significa reducir las intervenciones militares estadounidenses? ¿Significa revisar las alianzas tradicionales si fuera necesario? ¿Significa exigir a los aliados europeos que asuman una mayor parte de los costes de la defensa occidental? ¿Significa replantear la relación con Israel? ¿Significa cerrar las fronteras y endurecer radicalmente la política migratoria? ¿O significa una combinación de todas estas cosas? Las respuestas no son unánimes. Y precisamente ahí están apareciendo las grietas.

Tucker Carlson desafía al establishment republicano desde dentro. Milo Yiannopoulos representa el ocaso de una primera generación de la derecha radical que ayudó a construir el ecosistema político del primer Trump. Y Giorgia Meloni demuestra que incluso los aliados ideológicos europeos tienen un límite cuando consideran que ciertas acciones bélicas estadounidenses chocan con sus propios intereses. 

La nueva derecha, por tanto, no está desapareciendo. Está mutando. El problema es que todavía no está claro en qué dirección. Y quizá esa sea la característica fundamental de esta segunda era Trump: por primera vez, las principales discusiones dentro de la derecha ya no giran únicamente alrededor de cómo derrotar a sus adversarios, sino alrededor de qué debe hacer el movimiento una vez que ha llegado al poder.

La batalla por definir qué significa realmente America First y "nueva derecha" acaba de comenzar.


Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com


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