¿Por qué Estados Unidos atacó Irán?
Por Theo Belok.
A continuación, se analizará un informe de Reuters y dos artículos del reconocido The New York Times que aportan datos relevantes para comprender los factores que contribuyeron a la toma de decisión para ordenar ataques contra Irán por segunda vez. Se cumple casi un mes y medio desde el comienzo de la ofensiva y lejos está de haber sido una “excursión a corto plazo” (NBC News [1]) como Trump declaró que sería, hoy se encuentra empantanado en una guerra de desgaste cuyo final es incierto, inmerso en intentos infructuosos de llegar a una tregua de dos semanas con Irán.
¿Qué dice Reuters?
Un informe de Reuters titulado: “Trump Approved Iran Operation After Netanyahu Argued Joint Killing of Khamenei” (24 de marzo 2026) ([2]) aporta nuevos detalles sobre cómo se gestó la decisión de Donald Trump de lanzar una operación militar contra Irán el 28 de febrero de 2026, en coordinación con el gobierno del primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu.
Lo que dice Reuters, coincide con reportes similares provenientes de Axios ([3]), The Daily Beast ([4]) y The New York Times ([5]). Se reporta que, menos de 48 horas antes del inicio de la ofensiva, Netanyahu habló por teléfono con Trump. Durante la llamada, Netanyahu insistió en que existía una oportunidad única para eliminar al liderazgo iraní, incluido el líder supremo Ali Khamenei, en lo que se conoce como un “ataque de decapitación”. Según inteligencia, el líder supremo de Irán y sus principales funcionarios tenían previsto reunirse en un mismo lugar en Teherán el sábado por la mañana (28 de febrero). Esta reunión brindaría una oportunidad sin igual para adelantar el ataque.
“Netanyahu, decidido a llevar a cabo una operación que había impulsado durante décadas, argumentó que quizás nunca habría una mejor oportunidad para matar a Khamenei y vengar los anteriores intentos iraníes de asesinar a Trump, según estas fuentes. Entre esos intentos se incluía un complot para asesinar a alguien por encargo, supuestamente orquestado por Irán en 2024, cuando Trump era candidato” Reuters.
Para ese momento, el presidente estadounidense ya había aprobado en principio una acción militar aproximadamente para fines de marzo, principio de abril, según informó un funcionario a Axios, pero aún no había definido el momento exacto.
El artículo muestra que la decisión no fue repentina, sino el resultado de un proceso:
*Durante semanas, EE.UU. acumuló fuerzas en la región.
*Netanyahu venía instando desde hacía tiempo por una acción más contundente. El cambio de régimen en Irán “podría ser el resultado” de los ataques, había afirmado en un artículo del año pasado, y al ser preguntado sobre un informe de Reuters que indicaba que Trump había vetado un plan israelí para asesinar al líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, Netanyahu dijo: "No voy a entrar en ese tema" [6]
*Las negociaciones sobre el programa nuclear iraní habían fracasado (estaban a cargo de Jared Kushner, Steve Witkoff, yerno y amigo de Trump)
Oficialmente, la Casa Blanca sostuvo que el objetivo era debilitar las capacidades militares de Irán y evitar que desarrollara armas nucleares. Sin embargo, el informe revela motivaciones más amplias:
*Netanyahu planteó nuevamente la posibilidad de un cambio de régimen en Irán. Aparentemente rechazado por Trump un año antes.
*Algunos funcionarios estadounidenses consideraban que eliminar al liderazgo podría abrir una ventana política.
*Otros organismos, como la CIA, eran escépticos y preveían que surgiría un liderazgo incluso más duro.
Reuters asegura que según fuentes internas, Netanyahu no obligó a Trump a ir a la guerra, sin embargo habría influido a Trump en la manera de “presentar la oportunidad” de asesinar a un líder iraní que supuestamente había supervisado los intentos de asesinar a Trump. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, sugirió que el duelo o la venganza era al menos uno de los motivos de la operación, y declaró a los periodistas: "Irán intentó matar al presidente Trump, y el presidente Trump tuvo la última palabra". El mismo presidente sentenció: “Lo agarré antes de que él me agarrara” ([7]), le dijo Trump a Jonathan Karl de ABC News en una llamada telefónica. “Lo intentaron dos veces”, dijo refiriéndose a los intentos previos contra su vida. “Bueno, yo lo atrapé primero”. Estas declaraciones formaron parte de su justificación pública de la operación.
Varios elementos que empujaron a Trump hacia la guerra:
*Supuestos intentos previos de asesinar a Trump atribuidos a Irán (incluido un presunto complot en 2024).
*Protestas internas en Irán reprimidas violentamente.
*El antecedente de operaciones militares rápidas con bajo costo en Venezuela.
Según Reuters el ministerio de Defensa Israel Katz, declaró al canal de noticias israelí N12 el 5 de marzo, que las autoridades israelíes planificaron un ataque contra Irán partiendo de la base que actuarían solos. Hubo advertencias por parte del secretario de Estado Marco Rubio que anticipaban que un ataque provocaría fuertes represalias contra intereses estadounidenses.
En una rueda de prensa, Netanyahu desestimó como "noticias falsas" las afirmaciones de que Israel arrastró de alguna manera a Estados Unidos a un conflicto con Irán. "¿De verdad alguien cree que alguien puede decirle al presidente Trump lo que tiene que hacer? ¡Por favor!".
Otras fuentes directas revelan que Trump afirmó haber ordenado la operación y enfatizó su rol directo en la decisión, señalando que actuó de manera preventiva. Lo hizo a través de una notificación oficial de la Casa Blanca: “Paz a través de la fuerza: el presidente Trump lanza la Operación Furia Épica para aplastar al régimen iraní y acabar con la amenaza nuclear” ([8]) y a través de una carta formal enviada al Congreso, bajo la Resolución de Poderes de Guerra, Trump declaró: "En consecuencia, y bajo mi dirección, el 28 de febrero de 2026, las fuerzas de los Estados Unidos llevaron a cabo ataques de precisión..." ([9])
El informe de Reuters no sostiene que Israel “arrastró” a Estados Unidos a la guerra, pero sí muestra que Netanyahu fue un actor clave en el proceso, articulando argumentos estratégicos y políticos que influyeron en el momento final de la decisión. El gobierno de Israel fue un actor relevante, pero no el único ni necesariamente el determinante. Al mismo tiempo, deja en claro que la ofensiva fue el resultado de una convergencia de factores: presión del gobierno israelí, cálculos estratégicos diversos, inteligencia militar optimista y oportunidades tácticas percibidas.
¿Qué dice The New York Times?
Otro artículo reciente de The New York Times: "Israel Thought It Could Spur Rebellion Inside Iran. That Hasn't Happened." ([10]) Resume cómo el Mossad propuso a Netanyahu y a Trump un plan de “decapitación” del liderazgo iraní esperando que la población se levantara contra el régimen. Explica que la expectativa de rebelión no se cumplió y concluye que puede interpretarse como un error de cálculo estratégico.
El artículo describe una estrategia atribuida al entorno del servicio de inteligencia exterior israelí según la cual, tras una “decapitación” del liderazgo iraní, se desencadenaría un levantamiento interno capaz de desestabilizar o incluso derribar al régimen. La propuesta, fue impulsada por el jefe del Mossad David Barnea y presentada al gobierno de Benjamín Netanyahu. Barnea también tuvo la posibilidad de presentar la propuesta a altos funcionarios de la administración Trump durante una visita a Washington a mediados de enero, en un contexto donde existían dudas dentro de la inteligencia estadounidense sobre su viabilidad.
El supuesto central era que el descontento social en Irán, combinado con un vacío de poder, llevaría a la población a movilizarse masivamente. Sin embargo, ese escenario no se concretó. La nueva ofensiva no produjo una rebelión generalizada ni un colapso institucional: el régimen logró mantener su estructura y capacidad de control.
El mismo Trump agitó la sublevación tras el ataque inicial: “Tomen el control de su gobierno: será suyo para que lo tomen”.
La conclusión implícita del análisis del NYT en este artículo, es que todo indica que se trató de un posible error de cálculo estratégico. Se sobreestimó la posibilidad de una reacción popular inmediata y coordinada, y se subestimó la resiliencia del sistema político iraní. Más que una certeza, la idea fue una apuesta que, al menos en este caso, no produjo los resultados esperados.
Hace una semana, otro extenso artículo -aún más reciente que los anteriores-, del mismo medio, escrito por los investigadores Jonathan Swan y Maggie Haberman titulado "How Trump Took the U.S. to War With Iran" (7 de abril NYT [11]) mencionan los entretelones de la visita a la Casa Blanca por parte de Netanyahu y su comitiva el 11 de febrero, "una presentación altamente clasificada sobre Irán para el presidente Trump y su equipo en la Sala de Situaciones de la Casa Blanca, que rara vez se utilizaba para reuniones presenciales con líderes extranjeros." . Dicha reunión daría lugar a una serie de debates en la Casa Blanca durante los días y semanas siguientes. Los investigadores con información interna, denotan la existencia de una estrecha coincidencia entre la postura belicista de Trump y la de Netanyahu que se remonta a varios meses y la aparente luz verde a la presentación.
Al día siguiente el 12 de febrero la inteligencia estadounidense preparó un informe propio, y tuvieron otra reunión en la Sala de Crisis, pero esta vez sin autoridades israelíes. Habían organizado la presentación del Netanyahu en cuatro secciones. La primera se centraba en la decapitación del gobierno iraní, es decir, el asesinato del ayatolá y altos funcionarios. La segunda parte se enfocaba en debilitar la capacidad de Irán para proyectar poder y amenazar a sus vecinos. La tercera hablaba sobre la posibilidad de un levantamiento popular dentro de Irán. Y, por último, la cuarta parte proponía un cambio de régimen, con la idea de instalar a un líder laico para gobernar el país.
Los funcionarios estadounidenses pensaron que los dos primeros objetivos eran totalmente alcanzables con la inteligencia y el poder militar de Estados Unidos. Sin embargo, vieron que el tercer y cuarto punto de la presentación analizada de Netanyahu, que hablaba del levantamiento popular, y la posibilidad de que los kurdos hicieran una invasión terrestre por Irán para contribuir al cambio de régimen, estaba alejada de la realidad.
El director de la CIA John Ratcliffe, consideró que "no era un objetivo alcanzable" , incluso dijo que los escenarios presentados por sus aliados eran "ridículos" ; el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que era "una tontería"; el vicepresidente JD. Vance (ausente el día anterior) mostró su escepticismo sobre un cambio de régimen. En un momento el presidente Trump consultó la opinión del general Dan Caine -jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. quien señaló que, según su experiencia con autoridades israelíes en ese contexto: "Prometen más de lo que pueden cumplir y sus planes no siempre están bien elaborados. Saben que nos necesitan, y por eso insisten tanto en convencernos".
Trump sopesó las evaluaciones rápidamente, desestimó los reparos sobre los puntos 3 y 4 como algo con lo que deberían lidiar otros, (no quedó claro si los israelíes o los iraníes) el presidente se mostraba muy interesado en lograr el punto 1 y 2 es decir, decapitar el gobierno iraní incluido la eliminación de Khamenei, y desmantelar el ejército iraní y su infraestructura. Dentro del equipo, el secretario de defensa Pete Hegseth era el principal defensor de una campaña militar contra Irán.
En rigor de verdad, más allá de los reparos parciales, según los reportes analizados, nadie intentó realmente en términos generales, detener a Trump en una guerra contra Irán (a excepción de JD. Vance). El presidente estaba especialmente entusiasmado por la exitosa y espectacular incursión de comandos que capturó al líder venezolano Nicolás Maduro. Pensó en todo momento que, sería una incursión corta, que Irán ni siquiera llegaría a tener tiempo de cerrar el Estrecho de Ormuz como le había advertido el general Caine.
Entre tanta condescendencia, solo JD Vance intentó hacer lo posible para evitar una guerra contra Irán. Tenía una profunda preocupación sobre la idea de una guerra para derrocar al régimen iraní; pensaba que podría ser un gran desastre. Prefería que no hubiera ningún ataque en absoluto. Sin embargo, sabiendo que Trump podría intervenir de alguna forma, decidió tratar de guiarlo hacia una acción más moderada, contundente y rápida. JD. Vance le advirtió al presidente Trump que una guerra contra Irán podría desatar un caos en la región y podría causar un número alarmante de víctimas. Además, podría romper la coalición armada por Trump, la nueva guerra podría "ser vista como una traición por muchos votantes que habían confiado en la promesa de que no habría nuevas guerras."
El presidente estadounidense por su lado, intentó calmar telefónicamente a uno de sus grandes seguidores, pero virulentamente crítico de la alianza con Israel y contra el intervencionismo en el Medio Oriente, el periodista e influencer conservador Tucker Carlson, quien "había acudido varias veces al Despacho Oval durante el último año para advertir a Trump que "una guerra con Irán destruiría su presidencia". Trump le dijo "Sé que te preocupa, pero todo va a salir bien", cuando Carlson le preguntó que, cómo lo sabía, le respondió "Porque siempre es así".
Un elemento adicional que señalo partiendo del análisis de las fuentes anteriores es el bajo protagonismo -y hasta exclusión- de la Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, quien por la naturaleza de su cargo debería ocupar un rol central en la evaluación estratégica y la asesoría presidencial. Su ausencia relativa en los reportes disponibles —al menos en comparación con la visibilidad de otros actores como la CIA, el Departamento de Estado o el Pentágono— no permite extraer conclusiones definitivas, pero constituye un aspecto llamativo dentro del proceso de toma de decisiones. Más teniendo en cuenta que ella fue, una incorporación en la campaña de Trump en el 2024 percibida como una garantía contra nuevas guerras e intervencionismo.
Otros posibles factores a considerar
Más allá de los elementos "documentados" por Reuters y The New York Times, basados en "fuentes internas" y "anónimas" -con la credibilidad relativa que ello pueda tener desde medios de comunicación masivos frecuentemente hostiles hacia Trump-, existen factores estructurales que podrían haber influido de alguna manera en el contexto de la decisión.
Primero, el ataque a Irán también puede interpretarse como una iniciativa estadounidense dentro de la competencia estratégica con China, principal importador de petróleo iraní. En este sentido, debilitar la capacidad energética iraní podría tener efectos colaterales negativos sobre el suministro energético chino.
Segundo, la ofensiva parece contrariar frontalmente todo el ideario y promesas de campaña presidencial de Donald Trump en el corto plazo, sin embargo en un horizonte temporal amplio, puede que tal vez sea una estrategia aceleracionista para alcanzar objetivos estratégicos complejos a largo plazo, que de otra manera serían difíciles de lograr. Desarrollaré esta hipótesis en otro artículo titulado "La teoría del Gambito de Ormuz".
Tercero, ciertos actores particularmente vinculados al evangelicalismo dispensacionalista cristiano, presentes en la dirigencia política estadounidense, sostienen visiones geopolíticas en las que el apoyo al Estado de Israel ocupa un lugar central en una escatología apocalíptica. Si bien este factor no aparece siquiera mencionado en las fuentes analizadas y no implica una relación causal directa en este caso, forma parte de un contexto ideológico más amplio en el que se inscriben algunas decisiones de política exterior. No mencionarlas haría que el análisis pierda perspectiva y profundidad.
Estos elementos no sustituyen las explicaciones documentadas, pero pueden contribuir a una comprensión más amplia del entorno estratégico en el que se tomó la decisión.
CONCLUSIÓN
El análisis de los reportes de Reuters y The New York Times, junto con fuentes complementarias, muestra un escenario de desarrollo complejo. La evidencia sugiere que Donald Trump no actuó en aislamiento ni coaccionado -como sugieren teorías conspirativas-, sino que tomó la decisión final dentro de un proceso general moldeado por: presiones aliadas, asesores condescendientes, oportunidades tácticas, evaluaciones demasiado optimistas, experiencias anteriores exitosas, incentivos políticos y amenazas personales percibidas.
Más que una determinación unilateral, impulsiva, o bajo chantaje, la ofensiva aparece como el resultado de una convergencia de factores que, en un momento específico, hicieron que la opción militar fuera considerada viable e incluso necesaria por quienes participaron en el proceso de decisión. Eso no descarta que los posibles errores de cálculos, puedan derivar en situaciones desfavorables tanto como para EE.UU. como para Israel.
De acuerdo con diversas evaluaciones, hasta el momento no hay un claro beneficiario en esta guerra, tanto la potencia mundial como su máximo aliado en Medio Oriente son percibidos como agresores; ambos enfrentan el agotamiento de municiones defensivas; ambos han sufrido un fuerte impacto en su infraestructura militar con pérdidas multimillonarias; ambos están perdiendo reputación al igual que el liderazgo político.
Según distintos reportes, el sistema `Domo de Hierro´ ha sido vulnerado, Israel estaría sufriendo uno de los ataques más severos de su historia, al igual que Irán. Por su lado EE.UU. ha recibido fuertes ataques en sus 13 bases ubicadas en países del golfo, sus sistemas de radares de alerta temprana han sido destruidos, sus aliados europeos le han soltado la mano. Donald Trump enfrenta la posible fractura de su movimiento, Netanyahu apenas ha dilatado las causas judiciales que corren en su contra y enfrenta una oposición liberal cansada de la violencia.
En este sentido, analizar el origen del conflicto no implica identificar una única causa, sino reconocer la interacción entre actores, percepciones y cálculos estratégicos diversos que terminaron por inclinar la balanza hacia la guerra. El presente análisis no agota esas variables, pero sí permite delinear un marco más preciso desde el cual interpretar una decisión cuyas consecuencias continuarán desarrollándose aún luego de algún alto al fuego, y cuyo impacto en la política internacional seguirá siendo significativo.
Este análisis se centra en Estados y gobiernos específicos, decisiones políticas y estratégicas de líderes ejecutivos y no tiene la intención de atribuir responsabilidad ni hacer generalizaciones sobre ningún grupo religioso, étnico o nacional.
Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Trump contra el Globalismo" y "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com
[1] https://www.nbcnews.com/news/us-news/trump-calls-iran-war-short-term-excursion-georgias-special-election-mo-rcna262658
[2] https://www.reuters.com/world/middle-east/trump-approved-iran-operation-after-netanyahu-argued-joint-killing-khamenei-2026-03-23/
[4] https://www.thedailybeast.com/trump-was-conned-by-israeli-prime-minister-benjamin-netanyahu-into-going-early-on-iran-war/
[6] https://www.reuters.com/world/middle-east/netanyahu-says-regime-change-iran-could-be-result-israels-attacks-2025-06-15/
[8] https://www.whitehouse.gov/releases/2026/03/peace-through-strength-president-trump-launches-operation-epic-fury-to-crush-iranian-regime-end-nuclear-threat

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