EE.UU. e Israel decapitan a Irán. Grave error.
Por Theo Belok
Durante años defendí —desde una óptica crítica pero favorable— la política exterior de Donald Trump porque representaba una ruptura con el consenso intervencionista del Washington neoconservador. “America First” no era una consigna aislacionista; era una promesa de prudencia estratégica, de evitar guerras innecesarias en Medio Oriente y de no repetir los errores como la promoción de "primaveras árabes" o los cambios de régimen que marcaron las décadas posteriores al 11-S. Desde hace muchas décadas, gran parte de la política exterior unipolar de Estados Unidos fue raptada para la ejecución de una hoja de ruta globalista. Con la llegada de Trump eso parecía cambiar. Pero los acontecimientos recientes ponen en duda la coherencia de Trump a la hora de resolver ciertas tensiones muy alejadas de su país, que tienen que ver con el enfrentamiento entre Israel y los países árabes.
¿QUE PASÓ?
El 28 de febrero de 2026, fuerzas de EE. UU. e Israel lanzaron una ofensiva militar conjunta contra Irán este sábado por la mañana, con bombardeos y ataques aéreos que desencadenaron una escalada en toda la región. La información fue confirmada en un primer momento por la oficina del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, en un comunicado, quien señaló que el ataque buscaba “eliminar amenazas”, pero no ofreció más detalles (0). Por su parte, los medios estatales iraníes reportaban explosiones en Teherán. El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó la participación en “importantes operaciones de combate”.
Este ataque ofensivo, tuvo como consecuencia el asesinato del lider supremo iraní Ali Khamenei según confirmó el gobierno iraní el 1 de marzo de 2026 (1) (1.2).Las autoridades israelíes y estadounidenses afirmaron que el ataque buscaba desmantelar capacidades militares e impedir amenazas futuras. (2)
La operación fue denominada “Operation Epic Fury” (“Furia Épica”), combinando aviones de combate, misiles de crucero (como Tomahawk) y drones en ataques simultáneos sobre numerosos objetivos militares y de liderazgo iraní. (3) Altos funcionarios fueron asesinados, cientos de sitios militares fueron atacados y destruidos, defensas aéreas, lanzadores de misiles y comandos en Teherán, Isfahán, Qom y otras ciudades. (4)
CONTEXTO
El ataque contra Irán ocurrió en medio de negociaciones diplomáticas mediadas por Omán, y poco antes de que el mediador omaní dijera que había progresos sustanciales y que un acuerdo de paz estaba “al alcance”. (5)
El ataque sin precedentes, también ocurre en medio de la conmoción mediática y geopolítica producida por la desclasificación oficial de los Epstein Files, que durante todo febrero provocaron un gran número de dimisiones de funcionarios y personajes influyentes en gobiernos y grandes empresas, en Reino Unido, Noruega, Dinamarca, y Francia. Esta purga de la elite globalista por señalamiento se vio interrumpida por el sorpresivo ataque. ¿Acaso es una cortina de humo?.
DESAFÍOS PARA EL MOVIMIENTO MAGA
Si Estados Unidos se viera involucrado en un ataque prolongado contra Irán tras los objetivos de decapitación del liderazgo o de desestabilización del régimen, estaríamos ante una contradicción profunda con aquello que movilizó a millones de votantes republicanos pro-Trump.
La base de MAGA no surgió para reeditar la lógica de Irak o Libia. Surgió, en gran medida, como reacción al desgaste humano, económico y moral que implicaron esas aventuras belicista y criminales. Muchos votantes de Trump —incluidos veteranos, familias de clase trabajadora y contribuyentes cansados de financiar conflictos externos— apoyaron su candidatura precisamente porque prometía poner fin al unipolarismo violento e intervencionista global y a la política de “nation building” tras guerras interminables.
Una operación de cambio de régimen, sin importar el país objetivo, revive el mismo patrón que durante años criticó el propio Trump: la idea de que Washington debe (por voluntad o encargo) rediseñar el orden político de otras naciones. Más aún cuando se trata de Estados soberanos con estructuras internas complejas y consecuencias regionales impredecibles. Esta situación particular es un polvorín que puede hacer estallar la Tercera Guerra mundial, ya que tras Irán pueden ser arrastrados a reaccionar en su defensa aliados poderosos como China y Rusia.
Mi reparo y repudio a este ataque militar no es en defensa del gobierno iraní ni de ninguna otra autoridad extranjera. Es en defensa de la coherencia estratégica del liderazgo MAGA. Si el eje era proteger intereses estadounidenses sin embarcarse en cruzadas belicistas, entonces el ataque "preventivo" representa una desviación. ¿Qué amenaza representaba realmente Irán para los Estados Unidos?. No es la primera potencia mundial la que percibe un peligro directo, sino Israel.
El actual ataque de decapitación diseñado para matar a su liderazgo superior con el propósito de hacer colapsar al gobierno, responde a la culminación de una política diseñada hace dos décadas por la elite neoconservadora estadounidense.
La fuerza de un movimiento político no se mide por su capacidad victoriosa interviniendo en diversos conflictos, sino por su fidelidad a los principios que lo hicieron emerger como movimiento. Si “America First” significaba priorizar seguridad interna, prosperidad doméstica y evitar guerras que no sean estrictamente necesarias para la defensa directa, cualquier paso hacia una política de decapitación de regímenes merece un debate profundo dentro del propio movimiento. Y es lo que está sucediendo desde la Guerra de los 12 días, y el mal manejo de los archivos Epstein, la oposición de varias figuras prominentes incluido Charlie Kirk (asesinado), no solo el partido republicano, sino el movimiento MAGA se está fracturando, es algo que ya vengo señalando hace unos meses.
Porque la pregunta central no es quién gobierna en Teherán. La pregunta es ¿quién gobierna los Estados Unidos realmente? ¿Donald Trump es un presidente soberano si está más preocupado por la seguridad del Medio Oriente que la de su propio país? ¿Este desvío aparente del paradigma pacifista por el cual la mayoría de los estadounidenses lo votaron, no es acaso una señal de que Trump no es un jugador absolutamente soberano? No encuentro beneficios para Trump ni para Estados Unidos en esta ofensiva militar.
Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Trump contra el Globalismo" y "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com
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