CAMPAÑAS POLITICAS GUIADAS POR INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 Por Theo Belok.


La primera campaña presidencial guiada por inteligencia artificial no fue en 2024. Fue en 2016. Y ganó.

Mientras los medios del mundo se reían de Donald Trump y sus exabruptos, un puñado de hombres en la sombra estaba orquestando una campaña sin precedentes. No fue solo política. Fue guerra cognitiva digital.

No se trató solo de Facebook, ni de memes, ni de trolls. Fue mucho más profundo: se aplicaron tecnologías de Inteligencia Artificial para detectar, leer y modelar el estado emocional del electorado en tiempo real. Todo con un objetivo quirúrgico: llegar a los votantes justos, con el mensaje justo, en el momento exacto.

Ese equipo lo integraban personajes que hoy parecen sacados de una novela de espías:

  • Robert Mercer, un genio matemático especializado en IA y minería de datos.

  • Steve Bannon, estratega político con pasado en inteligencia militar y medios digitales.

  • Jared Kushner, yerno de Trump, operador silencioso del “Proyecto Álamo”.

  • Michael Flynn, exjefe de inteligencia militar enfrentado al aparato de Obama.

  • Brad Parscale, arquitecto del marketing digital trumpista.

  • Y la infame Cambridge Analytica, empresa que combinó datos y psicometría con algoritmos de targeting masivo.

Mientras Hillary Clinton recorría los 50 estados con el apoyo total del Big Tech, Hollywood, la prensa y Wall Street, Trump apostó a algo diferente: entender el alma de los votantes mejor que nadie. No solo lo que pensaban, sino lo que sentían. Y así, los algoritmos empezaron a dictar el ritmo de los discursos, la pauta publicitaria, los videos, los slogans y hasta los viajes del candidato.

La mayoría no lo vio. O no quiso verlo.
En 2022 publiqué un artículo largo detallando esta operación (leer aquí). Fue leído por pocos. Tal vez no era el momento.
Hoy, con la irrupción masiva de la IA generativa, la manipulación digital y la polarización social planificada, el mundo empieza a entender que la política ya no es lo que parece.

Trump no fue un accidente. Fue el primer avatar de una nueva forma de poder: un híbrido entre carisma, pragmatismo empresarial, discurso emocional y control algorítmico.

No fue un títere, tampoco un genio solitario. Fue el centro de gravedad de un equipo que combinó lo mejor del espionaje, el marketing y la IA para cambiar la historia. Y lo lograron.

Lo que ocurrió en 2016 fue solo un experimento.
La verdadera guerra por la percepción está ocurriendo ahora.

¿Estamos preparados para lo que viene?

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